SlowFashionUY: moda con conciencia sustentable en el blog de Macarena Algorta

Bloguear en Uruguay: de la persona al gravatar

“Hago una minicuraduría de lo que cubro. No escribo sobre todo lo que existe en moda sustentable en Uruguay, sino que hago una selección. Todas las entrevistas y publicaciones que hago tienen un porqué, hay una causa, por algo me gustaron”.

Macarena Algorta (25 años) es estudiante de Diseño Textil en el Centro de Diseño (EUCD). En este momento está haciendo su tesis y el blog SlowFashionUy, con el que se la conoce en la blogósfera local, nació a partir de su colección de cuarto año en la que utilizó desperdicios fabriles, fundamentalmente restos de lanas. “Investigando el nicho que me interesa como diseñadora, comenzaron a aparecer conceptos como la sustentabilidad y la moda lenta, además de la situación actual de la industria textil. Me empecé a informar de muchas cosas que durante toda la carrera no me habían enseñado y que estaban lejos de mi vida también. Empecé a descubrir otro mundo a partir de mi colección final. Esa colección, más allá de terminar cuarto año, pretendía dar mi mensaje como futura diseñadora, mostrar el lugar en el que yo quiero posicionarme. La hice usando lana que es el textil que más me gusta trabajar y trabajé creando un nuevo textil a partir de deshechos”.

En 2015, Macarena terminó las clases y en julio de 2016 presentó el proyecto de tercero y la colección final, ya interiorizada en los conceptos de moda sustentable y reciclaje textil. En agosto comenzó una pasantía de tres meses con Ana Livni, “una referente local. En ese momento surgió la necesidad de crear mi blog porque veía emprendimientos y conceptos vinculados al consumo y la sustentabilidad en la moda que no estaban difundidos en ninguna plataforma en Uruguay. Me planteé llevarlo en paralelo, no fue una meta, sino un medio de expresión para fomentar y concientizar, además de generar vínculos”.

Su blog sobre moda sustentable ha crecido significativamente, fue un emprendimiento que nació tímidamente y hoy tiene proyección en Facebook, Instagram, Twitter, otros blogs (Couture) y revistas (Post y Seisgrados). “Estoy muy contenta con el feedback de los seguidores, a pesar de que comenzó hace recién un año y unos meses. La moda sustentable crece a nivel internacional y acá, en Uruguay, nadie trataba el tema. Desde el día uno sabía que no tendría miles de seguidores, aunque internacionalmente hay blogs con amplio impacto, era consciente de que en Uruguay no sería así. A mí lo que más me importa, más allá del número, es el engagement.

Las primeras publicaciones de Macarena comenzaron en el círculo más cercano de compañeros y amigos de la Facultad. Desde el nacimiento, el blog ha marcado postura. “Hago una minicuraduría de lo que cubro. No escribo sobre todo lo que existe en moda sustentable en Uruguay, sino que hago una selección. Todas las entrevistas y publicaciones que hago tienen un porqué, hay una causa, por algo me gustaron. Hay algunos materiales, como el cuero, que son controversiales y prefiero no cubrir. Además, a mí me gusta la lana”.

Los influenciadores uruguayos comienzan a ejercer liderazgos segmentados y, como en el resto del mundo, lo hacen más allá de los medios tradicionales. Los blogueros especializados en determinados temas comentan marcas y productos, generan contenidos específicos y editorializan en el ámbito en el que se mueven. A ese respecto, Macarena acota: “Soy transparente y cada vez que una marca me regala un producto o una prenda lo menciono abiertamente. Quiero ser franca, transparente y abierta para que los seguidores me tengan confianza”. De esta manera, Macarena crea su gravatar —su identidad digital— moviéndose en el mundo de la moda, amparada en el concepto de la sustentabilidad y promoviendo prendas y servicios locales e internacionales que procuran responsabilidad y cuidado.
Cerrar el círculo: vivir de modo sustentable

“Intento ser sustentable en todo momento (…) porque los pequeños cambios hacen la diferencia en todas las áreas de la vida. Se puede comenzar por una, la comida o la moda, y es un efecto dominó”.

La moda sustentable, también conocida como slow fashion surgió a partir de un concepto macro de vida lenta que se materializó, en primer lugar, en el slow food. Macarena explica y argumenta un modo de vida, da detalles y agrega que “Carlos Petrini, quien dio origen al movimiento lento en la comida, menciona tres pilares: sano, limpio y justo. Esos pilares son trasladables a la moda: prendas justas en relación con el precio, que sean limpias para que no contaminen el medio ambiente y sanas para que no dañen la piel”. El paradigma de vida sustentable implica “cerrar el círculo. Ser consciente de cómo nos movemos, qué comemos, así el slow lifestyle. Es un movimiento más abarcativo, yo lo comencé con la moda porque es lo que me gusta. Pero intento ser sustentable en todo momento (…) porque los pequeños cambios hacen la diferencia en todas las áreas de la vida. Se puede comenzar por una, la comida o la moda, y es un efecto dominó”.

Vivir de un modo lento implica, en términos de vestimenta, un guardarropas limitado porque en el slow lifestyle hay un lema que dice `más vale calidad que cantidad´ y se aplica a la moda con pocas prendas que las podés combinar y que te van a durar mucho tiempo, en lugar de tener un montón que las usás pocas veces, las tirás y que van a parar a vertederos textiles que contaminan. Hay que erradicar la creencia de que la moda sustentable es carísima y para unos pocos. Existen alternativas como el reciclaje, tiendas de second hand y también propuestas de prendas básicas de uso diario con precios accesibles. La moda sustentable no es solamente un abrigo de lana de $ 9000, eso es algo que trato de mostrar en el blog. También para la revista Post publiqué un artículo con abrigos sustentables de distintas marcas y materiales”.

Macarena finaliza con varios conceptos que hilvanan, en otros patrones, el modo de vida lento en términos de moda y vestimenta: una apuesta diferente al impacto negativo del consumismo, una alternativa a la explotación laboral de las marcas que estimulan el consumo sin frenos y una opción para minimizar los vertederos textiles que son la segunda causa de contaminación ambiental en el mundo. Y con sigilo pero seguridad, agrega: “Si bien hoy en día es una tendencia porque está trendy ser slow, hay mucha gente que lo toma como un estilo de vida. Para mí es, claramente, una forma de vivir”.
El gravatar se proyecta desde el círculo de vida sustentable

“Me encantaría generar el match de diseño e influencer. Siento que la gente en Uruguay está abierta y muestra interés. En Montevideo hay locales con propuestas sustentables, orgánicas, con consciencia”.

En el mundo de los blogs se cuentan historias de éxito y solvencia económica, hay influenciadores de otras latitudes que viven de sus publicaciones. Entre seguidores y marcas, han generado una comunidad redituable que parece lejana en Uruguay. Por aquí, las proyecciones de los blogueros se cuantifican en otros ámbitos. Al respecto, Macarena expresa: “Una de las metas que tiene el blog es mostrar que en Uruguay se pueden llevar adelante eventos y conceptos vinculados al mundo de lo sustentable. Además, me gustaría que la gente me vea como un referente confiable, un modelo a seguir, un punto de encuentro de información en moda sustentable en el slow lifestyle. Es una apuesta como diseñadora y como bloguer. Me encantaría generar el match de diseño e influencer. Siento que la gente en Uruguay está abierta y muestra interés. En Montevideo hay locales con propuestas sustentables, orgánicas, con consciencia. También me gustaría que el concepto de sustentabilidad en la moda se incorpore en la formación del Centro de Diseño, es algo que yo no tuve en la carrera y que me parece importantísimo”.

 

Del blog al taller. La experiencia de “La Vida la la la” para “construir la realidad en la que se quiere vivir”

Susana Castro Conti (43) es esposa, madre y docente de Comunicación Visual, y es la responsable del Taller (de crochet y otras artesanías) La Vida la la la. Susana es muy cordial, expresiva y se muestra naturalmente dispuesta a mostrar lo que hace. Su inclinación por la docencia se hace evidente en el tono de su voz y en la forma de encarar los temas. Además, en la manera generosa de contar sus vivencias como emprendedora.

Su experiencia comenzó con un blog que se transformó en un taller. El lugar físico en el que se desarrollan las instancias creativas (el taller físico) está muy cuidado porque el entorno debe favorecer el proceso de enseñanza-aprendizaje. La modalidad de taller permite intervenciones que Susana considera fundamentales para el proceso creativo, por ello “el lugar debe generar ganas de estar para predisponer al aprendizaje y fomentar la creatividad”.

El taller, amplio y con ventana a la calle, es un lugar que invita. Es un espacio en el que prevalece el color y el orden, a pesar de la gran cantidad de materiales. Hay latas y latitas, cajas de todos los tamaños y baldes pequeños que albergan lápices, pinceles, fibras. Hay muchos cajones, algunos grandes y otros chiquitos. Hay armonía y diversas texturas. Hay elementos que invitan a trabajar con las manos y artesanías que invitan a mirar o usar. Entre tanto color, prevalece el anaranjado y el rosa con algunos tonos de fucsia y violeta.

La preocupación estética del emprendimiento también se evidencia en las redes sociales. El contenido de las publicaciones de “La Vida la la la” en Faebook e Instagram es variado y, además, generan un boletín de noticias cuando tienen un taller para ofrecer. Se muestra un trabajo arduo y constante, y un afán por sostener el interés del público.

Una instancia para la creatividad personal

Susana se presenta como profesora de Comunicación Visual y también como emprendedora, aunque lo expresa con timidez y parece que debe justificarlo con una sonrisa, como si todavía no se convenciera de su iniciativa. “Mi trabajo formal como profesora de Dibujo, y de Educación Visual y Plástica es en Secundaria (pública y privada). Toda la vida me gustaron las manualidades, me gusta coser, tejer, bordar, y  me pasó algo que es habitual en la docencia: mi espacio creativo personal se fue relegando porque los tiempos no dan….

A partir de una capacitación específica en relación con las TIC (Tecnologías para la Información y la Comunicación), Susana se enganchó en un foro español de decoración de interiores, un tema vinculado a su veta creativa. “Muchos de los miembros del foro tenían blogs, descubrí ese mundo y me entusiasmé. Los blogs abren puertas que abren otras puertas, así que de la decoración de interiores llegué a blogs de artesanías. Y de España salté a Argentina. Me entusiasmé tanto que comencé a armar un blog; empecé a hacerme un espacio para mí, el tiempo creativo que estaba abandonado. Ese fue el primer sentido del blog La Vida la la la.

El nombre del blog, que canta a la vida, es una expresión comodín de su familia. “Es una frase que dice todo y nada, que tiene música y que destaca la unión de vida y del canto, de la vida y del disfrute. Es algo divagada, pero me gustó y me sigue gustando”.

Entre los miembros de un foro (personas con un fuerte interés en común) suelen generarse vínculos fraternos y Susana no fue ajena a esa realidad. En las conversaciones digitales —dice que en ciertas charlas hasta se trataban temas muy íntimos— surgió la necesidad y el empuje para pasar del blog a la acción. Hubo quienes se dedicaron a vender sus artesanías, quienes emprendieron en grupo y quienes se enfocamos a enseñar. Del blog, entonces, surgió el taller “La Vida la la la” para unir la docencia y un espacio de creatividad.

Un espacio para crear con las manos

Los primeros talleres que Susana ofreció, hace cuatro años, fueron de crochet. “El crochet es muy sencillo, yo veía, de niña, a mis abuelas hacer crochet y en particular lo aprendí con mi suegra. Ella me enseñó la técnica básica y descubrí que, a partir de lo básico, se puede hacer mucho”.

Susana agrega, insistentemente, que no es necesario de “tener mano”. En su taller para principiantes llegan personas “que no saben nada y se van con algo hecho por ellos”. “Lo más básico es el punto bajo que permite mucho más, porque el crochet se basa en combinaciones de ese punto. Es cierto que requiere algo de pensamiento geométrico y quizás algunas personas, las que tienen inteligencia espacial, se sentirán más cómodas con la técnica. Pero quienes no tengan esa habilidad, también pueden aprender”.

La propuesta de talleres de “La Vida la la la” es de aprendizaje y experiencia compartida. Susana trabaja en la creación de “un espacio para pasarla bien, para crear con las manos”. Asisten, mayormente, mujeres entre 20 y 60 años y, en general, cuando van adolescentes lo hacen en compañía de sus mamás, “para pasar un tiempo juntas”.

Del crochet para principiantes —que es el primer escalón— se puede continuar con talleres más avanzados. En 2016, se realizaron varios: uno de mandalas, otro de amigurumis y uno de granny squares (los cuadrados de abuela).  

Además del crochet, en “La Vida la la la” se ofrecen diversas instancias creativas porque Susana comparte el taller con otros artesanos. Esas instancias (sobre bordado, encuadernación, fieltro húmedo y papel reciclado) le permiten, además, participar como asistente para aprender y enriquecer su veta creativa.

Emprender es aprender

Gestionar el taller y que funcione implica mucha dedicación, significa tiempo de trabajo, además del que demandan las clases y la vida (del hogar y en general). Para que el taller sea viable hay que alimentar las redes sociales y generar boletines informativos. “Mi esposo me ayuda porque es mucho trabajo. Requiere dedicación, esfuerzo y mantenimiento. Todo fue surgiendo y tuve que aprender sobre la marcha. No solo he tenido que aprender y mejorar las técnicas que enseño, sino que debo estar al día con otras cuestiones. Por eso aprendí a manejar Facebook e Instagram, por ejemplo. Me inclino por las redes que me gustan más o las que me son más fáciles, el blog primero e Instagram ahora. Pero también tengo que hacer otras, porque Facebook, por ejemplo, tiene gran alcance y muchas repercusiones”.

El taller de Susana es parte de su casa, porque “en definitiva, es un emprendimiento familiar, mi esposo se encarga de la gestión de la base de datos para la newsletter y mis hijos me ayudan los días de taller. El emprendimiento tiene un involucramiento familiar. Así se dio porque emprender implica vivir de una forma coherente con los sueños”.

Susana agrega que emprender significa animarse a seguir a pesar de las dificultades y que el desafío es sobreponerse a los problemas y continuar. También implica estar atento a las oportunidades, generar espacios, manejar los intereses y lidiar con el manejo de los tiempos (¡todo un tema, según ella misma confiesa!). Cuando Susana pasó de los sueños a la acción, tenía mucho miedo. “Pensaba ¿qué pasa si no viene nadie? Y me decía: ¡nada! Habrá que ofrecer un nuevo taller”.

Su recomendación, como emprendedora, es que “hay que aprender a bancarse la frustración. Hay que aprender a tolerar los errores porque si realmente se quiere algo, hay que meterle para sobreponerse a `los a pesar de´”.

Taller La Vida la la la

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Qué se ofrece: “Técnicas y experiencias, un tiempo para cada uno. Un tiempo para tomar té, café y crear, para sentir la gratificación de transformar algo.

Días de taller: sábados de tarde.

Técnicas: crochet y bordado, fundamentalmente. En estos años han realizado talleres de encuadernación, fieltro húmedo y papel reciclado. Y a futuro mucho más: origami, caligrafía bordada y confección de prendas básicas.

Para: quienes gustan de las manualidades, valoran los oficios y quieren experimentar la satisfacción de crear.