“Aprender y superarse”

Entrevista a Natali Santos: persona, productos, procesos y proyectos detrás de Cactus objetos

Elocuente, sincera, detallista y humilde. Así es Natali Santos, una de las diseñadoras de Cactus objetos. La entrevista, fijada hace un tiempo, debió posponerse porque Natali se fracturó la muñeca derecha. Fue un tropiezo, con fuertes implicancias en el trabajo, que le sirvió para tomar decisiones y replantearse varias cuestiones de su vida, en especial las relacionadas con el emprendimiento.

A pesar del dolor, de la escasa movilidad y del tiempo que le ha demandado la recuperación, Natali es muy positiva. “Cuando me sacaron la férula no podía mover la mano y sentí que se me caía el mundo. Después de unos días, hice toda la mímica del trabajo y me puse a hacerlo, pero no tenía fuerzas ni para abrir un frasco. Fue difícil, pero estoy en camino nuevamente”, expresa.

Dice que tuvo mucho tiempo para pensar y que sintió la falta de “la costura y del armado”. Extrañó el contacto con la producción mientras se recuperaba. Durante ese tiempo, recalculó y recapituló y hoy está en el camino de potenciar Cactus.

Con un espíritu provechoso y de innegable esfuerzo, la diseñadora relató su experiencia y los aprendizajes que ha cosechado en su vida de emprendedora. Habló de su historia, de los objetos que diseña y cose, y de los proyectos. Habló con fluidez y soltura, con amor y dedicación, con la entrega de quien deja cuerpo y espíritu en lo que hace.

“Soy artesana desde que tengo uso de razón”

“Soy Natali Santos, estudiante del Centro de Diseño y mamá de Maite (9 años) y Dante (2). Soy artesana desde que tengo uso de razón, de toda la vida. En casa no había nadie con un don así, salvo mi padre que era muy bueno para los arreglos del hogar”, se presenta. Agrega que fue un hogar en el que se la impulsó a desarrollar la creatividad a través de las manualidades, sin importar cuánto podía ensuciar.

Natali es de esas personas que crea todo el tiempo, más allá de los materiales con los que cuenta. Es un don que la acompaña desde siempre y que ahora, con orgullo, visualiza en Maite, su hija. La vida de emprendedora de Natali se inició en la adolescencia. “A los 12 años comencé a vender mis manualidades en un quiosco cerca de casa. Incursioné en todas las técnicas que pude conocer. No sé si calculaba bien los costos, creo que no, pero me fascinaba el hecho de que un adulto pagara por mi trabajo”.

A pesar de probar y dominar los más variados métodos en el rubro artesanal, aprendió a coser de grande, a los 19 años. Trabajaba en un taller y le enseñó Raquel, “una compañera, que destinó su hora libre durante un par de días. Me pagaron una deuda con una de las máquina de coser del taller y comencé a trabajar a fasón. Necesitaba el dinero y me animé”. Dice que, a prueba y error, aprendió y perfeccionó una técnica que hoy es fundamental para el emprendimiento.

Tiempo después comenzó a hacer bolsos y en 2014 nació Cactus objetos. “Conocí a Milagros Serra y entre las dos dimos vida a Cactus. Coincidíamos en la Feria Ideas +, ambas con bolsos. En aquel año, teníamos ganas de hacer algo nuevo y potenciamos el camino que habíamos recorrido en nuestros emprendimientos. A ambas nos apasionaba el estampado y decidimos que esa técnica sería nuestra diferenciación”.

Productos funcionales que transmiten trabajo y dedicación

Cactus ofrece bolsos, carteras y accesorios para mujeres. Después de un tiempo de investigación en conjunto, además de la experiencia anterior que cada una había cosechado, Natali y Milagros decidieron diseñar productos que se distinguen por el estampado a través de la serigrafía.

Son productos limpios, con un estilo bien definido, en los que las diseñadoras combinan colores lisos, estampados y mucho blanco. Utilizan algodón con apresto, ecocuero y herrajes. “Son productos funcionales que transmiten un relato: el trabajo que hay detrás. Se hace énfasis en los detalles, los que les gustan a las mujeres reales a las que se dirige Cactus”, acota Natali.

Dice que todo las inspira: la naturaleza, un paseo, el arte. “Buscamos crear objetos atemporales, aunque siempre tenemos algo nuevo para ofrecer y dar respuesta a las demandas. Ahora, por ejemplo, lanzamos una línea de mochilas”. Cactus sintetiza diversos valores: creatividad, diseño, artesanía, cuidado por el ambiente. “Reciclamos los estampados que no quedan perfectos, los usamos para el bies, por ejemplo. Siempre que podemos, damos nueva vida a una tela”.

Aprendizajes constantes

El proceso de elaboración de un bolso, cartera o accesorio comienza con un diseño ya ensayado y aprobado que se traduce en un molde con un estampado en particular, explica la diseñadora. “Cuando llega el momento de la producción, compramos el algodón, lo cortamos y achicamos. Después, se seca, se corta y se estampa”. Natali lo cuenta y explica con sus manos, dibuja en el aire el corte, muestra cómo se arma y el proceso de estampado que realizan a través de la serigrafía. Mientras sus manos se mueven para revelar el trabajo, describe con voz tenue, pero firme. Natali narra con convicción.

“En casa tengo montado un taller con máquinas fuertes que pueden coser estos bolsos”, agrega. “Pero nos quedó chico porque no nos daban las horas del día para producir, fundamentalmente en momentos en los que he compartido Cactus con la maternidad y con otro trabajo”. Entonces, desde el año pasado decidieron incorporar un taller que confecciona una parte de la producción. “Probamos muchos y finalmente encontramos uno con la calidad que nosotras buscamos. Fue muy difícil porque cuidamos las terminaciones, y por suerte estamos contentas con la elección que hicimos porque nos permite aumentar la producción. Es importante tercerizar cuando querés dar un salto”.

La materia prima, un elemento fundamental, la compran en Uruguay. Al respecto, Natali detalla las vivencias surgidas luego de buscar y seleccionar el proveedor cuidadosamente. “Un día llegamos y quien nos vendía el algodón nos avisó que no tenía más. Era noviembre, estábamos cerca de la feria de fin de año —nuestro gran momento— y nos quedamos sin material. Comenzamos a averiguar y encontramos otro proveedor. Hicimos las pruebas necesarias y funcionó. Pero puso en peligro nuestra producción. Por eso, ahora estamos pensando en buscar otro proveedor en la región, aunque desde el inicio queríamos favorecer a los proveedores nacionales”.

“Con los herrajes nos pasa lo mismo”, enfatiza la diseñadora. “Las tintas las compramos aquí, compramos los colores primarios y hacemos una carta propia que se basa en los ecocueros que hemos conseguido”. Agrega que “estas vueltas son aprendizajes constantes” porque así es la vida del emprendedor. Están los aprendizajes relacionados con los proveedores, los de las técnicas que utilizan y los de las ventas. Así, le ha tocado investigar sobre las redes sociales, cómo vender y promocionar los productos. “Siempre es aprender y superarse”, acota.

“Me gustaría tener un espacio propio en una tienda multimarca o también Sinergia Design que está muy tentador”

Llega el momento de hablar de las utilidades y de si es posible vivir de un emprendimiento así. Natali, con la misma sinceridad con la que abordó cada pregunta, responde: “Es muy difícil vivir de un producto que no es de extrema necesidad, pero si hacés las cosas bien, se puede. Y eso es lo que quiero. Después de la caída y fractura, decidí dedicarme a Cactus, no voy a volver a otro trabajo. Me encanta Cactus y es muy gratificante cuando alguien elige tu producto”. 

Se viene Instagram en Cactus, está en los planes más próximos de Natali. Sabe que cuenta con material gráfico suficiente y un gran amor por lo que hace. “Etsy también nos gustaría, pero somos conscientes de que necesitamos sostener una producción constante”. Además, agrega que les falta mucho en la comunicación de la marca,  entienden que “es súper importante, pero no hemos podido dedicarle el tiempo necesario”.

Menciona que necesitan un punto de venta más céntrico, una vidriera permanente. Dice que extraña el trabajo del local y de las ferias que desarrolló en otro tiempo. Agrega que le hace falta porque le gusta hablar con la gente, pero es consciente de que le quita tiempo al diseño y a la producción. Entonces, suspira y sueña… “Tendría que ser diferente. Me gustaría tener un espacio propio en una tienda multimarca o también Sinergia Design que está muy tentador”.

Pero aclara que, antes de dar estos pasos, deben estabilizar la producción. Y desarrollar otras líneas para desestacionalizar los bolsos que emergen en la primavera, fundamentalmente. Porque tienen que vender todo el año y como los textiles son su pasión, menciona que se “viene la línea hogar” que ya está a la venta en Facebook. Hay organizadores, individuales y senderos. Y tienen ganas de incursionar en una línea de escritorio con fundas para tabletas y computadoras. “Estamos trabajando en un modelo original que se adapte a la gran variedad de medidas y modelos del rubro”.

Además, para esta primavera-verano, Cactus innova en mochilas de mediano porte que, según Natali, son ideales “para la diaria, para viajar, para las que andan en bici, para ir a trabajar, para todo momento”. Al igual que los demás productos de la marca, las mochilas de Cactus transmiten energía y tienen encanto, porque “Cactus es un espíritu, más que una edad, son productos con personalidad, solo es cuestión de saber llevarlos”.

 

Encontrás Cactus objetos en:

Sietemilímitros Objetos
Facebook Cactus objetos
Feria Ideas + cada diciembre en el Parque Rodó (Montevideo)

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Entre la estabilidad y el cambio permanente

Entrevista a Carla Liguori, Kit Creativo

“Amo Kit Creativo. Lo descubrí hace un par de años de casualidad y ¡todo lo que les encargo es perfecto! Original, práctico y súper útil. Desde el kit ‘Es Mío’ para mis nenas, sorpresitas para cumples, hasta el sello de mi empresa que lo adoro. Son unos genios”. Mariana

“He comprado varias cosas, productos para mi hijo, encargué souvenirs para fiestas infantiles y de adultos… todo es excelente, entregan en tiempo y forma, y no hay sorpresas. Lo que ves en la página, es lo que te llega”. María

¿Qué tiene Kit Creativo para producir reacciones así? ¿Por qué en las redes sociales estos comentarios? Kit tiene trazos de autor, diseño bien pensado, un envoltorio específico y, lo más importante, ofrece soluciones a medida. Kit tiene pasión y lo muestra Carla, su creadora.

En la piel

Entre un proveedor que no había cumplido con un pedido y la instalación del POS (punto de  venta con tarjetas de crédito y débito), Carla Liguori (40) dedicó 30 jugosos minutos en los que relató, con apuro y mucha pasión, su historia como emprendedora. Habló rápido, por las circunstancias, aunque parece que siempre lo hace. Habló con orgullo, el de una persona que invierte muchas horas, tiempo y energía a su trabajo. Habló con compromiso y mostró los desafíos a los que se enfrenta día a día. Habló con sinceridad.

Carla trabaja sola y en épocas de zafra —en especial antes del comienzo de clases— subcontrata a un amigo que la ayuda a cumplir con los pedidos. También, se respalda en un grupo de mujeres con emprendimientos similares que ofician, entre sí, como curadoras de productos y servicios. Testean, comentan, opinan y se ayudan con el propósito de mejorar lo que ofrecen. Hacen gestión del conocimiento desde la práctica y muestran, de esa manera, nuevas formas de trabajo y de colaboración. 

De niña, Carla miraba al “tío Víctor y sus marionetas” (Cacho Bochinche, canal 12) e hizo todas las manualidades propuestas en el programa. Al llegar el momento de elegir profesión, su mente creativa y manos laboriosas la llevaron a la Escuela de Artes y Artesanías Dr. Pedro Figari (UTU) donde estudió publicidad gráfica. Mientras cursaba el último año, consiguió una pasantía en una agencia de publicidad. Se probó en ese ámbito y en más de una oportunidad volvió a trabajar en agencias, pero lo suyo es el diseño de productos.

En el espíritu

Formó parte de un proyecto que se llamó El Piso, un espacio multimarca en la Galería Madrileña. Junto a otras emprendedoras, fueron pioneras en un rubro que hoy tiene fuerte presencia. Aquel proyecto comenzó en 2003 y duró un año y medio. Después continuó involucrada en el rubro, en Ciudad Vieja, en “aquel intento de circuito de Diseño con Imaginario Sur, Ana Livni y otros”. “Éramos varios en la cuadra, era una zona que prometía, esperábamos la peatonal que se hizo después, fue una experiencia muy rica pero no funcionó”. En aquel momento hacía productos de PVC (también conocido como vinilo) y gel; artículos utilitarios porque ese ha sido su sello, “siempre buscando nuevos productos, en la eterna búsqueda de algo nuevo”.

Tiempo después, volvió a trabajar en una agencia de publicidad, “aunque no aguanté mucho, buscaba otra cosa”. Los vínculos cosechados en ese ambiente le permitieron, más tarde, ofrecer soluciones para lanzamientos, regalos empresariales y BTL (“below the line”, una forma personalizada de contactar a miembros de un mercado específico). 

Tiene el producto metido en la piel, tanto que para su casamiento (2010) armó los más diversos detalles, pero no podía encargarse de todo y contactó a una asesora de bodas que la ayudó en la organización. Quedaron vinculadas y le siguió pidiendo pequeños obsequios para casamientos y 15 años. Así se afianzó Kit Creativo que había surgido un año antes, aproximadamente. A los regalos empresariales, incorporó detalles para bodas y cumpleaños. “Después me encontré con que la zafra de bodas es muy acotada y tuve que buscarle la vuelta para trabajar todo el año. Veía potencial en Facebook, que la gente consumía el producto terminado a través de las redes, y comencé a desarrollar productos específicos”, agrega.

“Cuando tuve a mi nene me encontré en el mercado de las madres y busqué proveer soluciones. Encontré el sello textil, investigué y me di cuenta de que no había en Uruguay, tampoco en Argentina ni en Brasil. Me contacté con el importador, me trajo unas muestras y las vendí en una hora. Me jugué con una importación más grande. Era mi producto estrella hasta que el importador no me dio la exclusividad y, en menos de un año, surgieron otros. Se me cayó el modelo de negocios que había armado y me obligó a buscar otras salidas nuevamente”.

Con el cuerpo

Carla menciona que su historia es la de correr contra la copia y la imitación luego de haber pensado, probado y desarrollado un producto. Agrega que  le ha sucedido en varias oportunidades, sabe que esa es la dinámica y está preparada mentalmente para sobrellevar esos obstáculos. Aunque comenta que, muchas veces, es agotador. Por otra parte, convive con emprendimiento volátiles que no tienen las cargas impositivas de impuestos y obligaciones fiscales. “Es súper desleal porque no hay una regulación al respecto”. “El desafío constante es correr, la energía de la investigación, del desarrollo y de mantener los contactos, y luchar contra el que vende más barato porque no paga impuestos”.

Procura estar al día con los cambios de Facebook e Instagram, estudia si Etsy es viable y analiza todas las herramientas que necesita para sobrevivir en el mercado. Ha incorporado talleres también, lo hace con socios y siempre con temáticas afines a su marca. Mientras narra y detalla, acelera el ritmo de la conversación, como si corriera. Se agita, incluso. Parece como si se cansara y, con honestidad, aclara que muchas veces la invade el hastío. Pero sigue, porque en su esencia está crear, mostrar y resistir en un mercado chico que se satura rápidamente.

Kit está en la web y en las redes sociales y también en ferias específicas que Carla usa para mostrar sus productos porque “hay gente que no usa Facebook o Instagram y otros que solo compran cuando ven”. Entonces, “las ferias me ayudan a llegar a otro público y que me conozcan más”, agrega. Además, está implementando un sala de exhibición en su taller. Vive permanentemente entre la búsqueda de la estabilidad y los desafíos que el mercado le impone y también aquellos que pugnan por salir de su interior. “Porque no puedo estar siempre en lo mismo, necesito el cambio”, afirma con contundencia y una sonrisa.

Carla sintetiza los valores del nuevo emprendedurismo que se ha desarrollado, entre otros, a partir del auge digital. Con el impulso de las redes sociales, estos artesanos ofrecen ―en su entorno y al mundo― productos y servicios de alta calidad. En ella, al igual que en otros tantos que han florecido en nuestro país, se visualiza un fuerte espíritu creativo, el trabajo constante, cierto arrojo y un énfasis permanente en el aprendizaje. Son valores en los que vale la pena reparar, imitar y apoyar.

 

Prendas para bebés que responden a demandas de una nueva vida más natural

Canica según Fernanda Madeira

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Silvana Sastre y Fernanda Madeira son las responsables de Canica, un emprendimiento de ropa e indumentaria para bebés confeccionadas en materias primas nobles (algodón orgánico certificado y lana merino). Las prendas son diseñadas y elaboradas en Uruguay, y estampadas con tintas naturales.

Entre tanta oferta de ropa para niños pequeños, Canica se diferencia por la simpleza, una paleta armónica y original, y un envoltorio acorde. La marca llama la atención y la ropa, pequeña y delicada, invita a tocar. Detrás de Canica hay dos mujeres jóvenes con grandes sueños y muchísimas horas de trabajo. Ya tienen vasto camino recorrido, aunque les falta mucho, pues quieren conquistar grandes mercados. Dicen que pueden hacerlo, fundamentalmente porque los productos Canica responden a demandas de una nueva vida y porque están hechos con amor.

La idea de elaborar prendas ecoamigables vive con Fernanda desde hace muchos años. Intentó llevar adelante el emprendimiento, pero no “se dio”. Justo cuando estaba a punto de abandonar el proyecto porque “que ya no daba para más”, Silvana se ofreció a darle una mano. Fernanda y Silvana son compañeras de trabajo, trabajan juntas en la agencia Grupo Perfil y luego de ese ofrecimiento se volvieron socias porque “la mano pasó a ser la otra mitad del emprendimiento”.

“Nos equivocamos, pero no fallamos, sino que aprendemos”

Silvana es licenciada en comunicación y Fernanda diseñadora de modas. Los talentos de ambas se conjugan en una marca con una estética muy cuidada. En las redes sociales muestran un emprendimiento atractivo y con unas fotos muy limpias que ―aunque no lo parezcan― están tomadas en un set que arman en la casa de Fernanda. Porque se las ingenian, arremeten, prueban y aprenden: “nos equivocamos, pero no fallamos, sino que aprendemos”, dice Fernanda.

Comenzaron con 50 prendas en el verano de 2014 y en la actualidad producen más de 500. Su modelo de negocios se basa en la venta a través de las redes sociales y en locales de terceros. “Creamos una muy buena dupla para trabajar, tanto que hoy Canica ya es una empresa. Nosotras dos estamos al frente con distintas responsabilidades, nuestros novios (Maxi y Nicolás) nos ayudan también, está Gustavo que es el cortador, Mariela y Daniel ponen los avíos de las prendas, Florencia las estampa y Rosana las cose. Además, estamos sumando a Mireya en la confección porque Canica crece. Somos un gran equipo con una cadena de producción fuerte”, asevera Fernanda con una sonrisa que demuestra el orgullo de materializar un sueño.

Desde el inicio decidieron no encargarse de la producción, porque no tenían tiempo para una faena tan demandante y porque Fernanda, quien conoce del tema, prefiere dedicarse a cuestiones más creativas. “A mí me gusta dibujar, volar y mirar. Miro prendas que se usan en Europa y pienso cómo instrumentarlas acá en Uruguay. Reinterpreto los colores, por ejemplo. El negro, para bebés, no es común aquí, aunque por suerte, estamos saliendo tímidamente del cascarón del rosado y del celeste. El gris, muy nórdico, prende y lo hemos trabajado. Me gustaría trabajarlo más, incluso”.

Canica ofrece líneas básicas sin estampa que solamente tienen su logo en la grifa y las colecciones cápsula. La colección de este invierno estuvo inspirada en flores y en la galaxia, mientras que el año pasado el motivo principal fue el bosque con animales que ya forman parte del “cuerpo estable de amigos” de Canica. En 2016 la colección fue unisex y los animales tuvieron la misma paleta de colores, pero este año las prendas están segmentadas: las flores para las niñas y la galaxia para los varones. Ambas estrategias han funcionado y los clientes de Canica han respondido a las propuestas de las emprendedoras. Florencia no demuestra preferencia por ninguno de los dos estilos, aunque confiesa que uno de sus propósitos es debilitar la dicotomía e imposición del rosado-celeste.

 

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Trabajan por temporada, definen las producciones y apuestan fuertemente al exterior. “Usaremos la lana, en ese caso, porque es la carta de presentación de Uruguay. Trabajamos con Ruralanas que es una empresa con valores similares a los nuestros. Hay mercados en los que la lana va primero que el algodón y en otros no. En la tienda que vamos a abrir en Etsy, usaremos algodón, lana y lino que próximamente integraremos”.

El lino es parte de la apuesta para la próxima colección primavera-verano que todavía está en la cabeza de Fernanda y que pronto bajará al papel. “Puedo adelantar que incorporará lino y nueva moldería. Habrá bodies de lino lisos y otros con estampas de Tiro al Aire, como siempre. Seguiremos con el algodón orgánico, hilados de algodón y lana merino que es termorreguladora y que se usará cada vez más en Uruguay durante casi todo el año”.

Las materias primas son el corazón del emprendimiento, por eso Fernanda viajó a Perú para conocer de cerca el algodón orgánico con la que trabajan. Además, buscan proveedores todo el tiempo, son asiduas a Internet y manejan “de taquito” las estrategias de búsqueda de Google. “Estamos en todo el proceso, buscamos precios afuera, tuvimos que aprender de importación, conocemos de diseño y fuimos vinculándonos con todas las variables de la producción”.

Dice Fernanda que emprender en Uruguay es difícil y que demanda tiempo y esfuerzo en grandes cantidades. Insiste en que en Latinoamérica los emprendedores deben manejar muy bien la frustración para no paralizarse y entender que la desilusión implica experiencia y aprendizaje. “El Estado debería apoyar mucho más a los emprendedores, como en Finlandia, por ejemplo. Los dos primeros años te financian los impuestos y luego los devolvés en cinco años. Eso es fantástico porque la cabeza de los emprendedores ayuda en todo sentido, aquí en Uruguay hay que trabajar la cultura del emprendimiento”.

“Volver a lo de antes, abandonar el úselo y tírelo, cuidar la piel, cuidar la alimentación…”

Para Canica, emprender ha implicado abordajes específicos vinculados a los productos que ofrece la marca. Por ello, Fernanda y Silvana han trabajado en el consumo de materias orgánicas porque es como “volver a lo de antes, abandonar el úselo y tírelo, cuidar la piel, cuidar la alimentación. Es un desafío a largo plazo y en Uruguay pasará lo mismo que en otros países en los que la gente elige lo que consume con mucho cuidado”.

Su experiencia como emprendedoras ha significado, además, manejar los flujos de adrenalina que oscilan del supéravit al abatimiento. También deben combinar todas las obligaciones porque, por ahora, Silvana continúa trabajando en la agencia de publicidad a tiempo completo. Fernanda, por su parte, desde principios de este año trabaja cuatro horas en la agencia, así que ahora Canica cuenta con más horas de una de las socias.

Los sueños y los proyectos de Canica “son enormes… Internacionalizarnos es uno de los más grande y está cerca”, dice Fernanda. “Cierro los ojos y veo a Canica en Europa, por ejemplo. Nuestros productos pueden competir porque son productos que tienen amor y los mejoramos todo el tiempo. Paulatinamente incorporaremos trabajos de responsabilidad social porque están en nuestras metas. Queremos educar sobre el emprendedurismo y sobre el consumo ecológico, por ejemplo. Y queremos vivir de Canica. Sé que ambas lo haremos”.

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Puntos de venta en redes sociales: Facebook, Instagram, Pinterest

Puntos de venta en locales. Montevideo: Artesanos del Uruguay, Peekaboo Uruguay, EcoAlmacén y Entre Aurelias y Aurelianas. Punta del Este, Manantiales: La Casita.

 

 

 

“Soy el cadete, el que hace las compras, el que diseña y cose. Soy el área creativa, la producción y distribución…”

Entrevista a María Pía Vargas, Remolacha Diseño

Remolacha Diseño es una marca de productos textiles utilitarios, hechos a mano, con una estética muy cuidada en la que se destacan los colores y el capitoneado. La esencia del emprendimiento está en la cabeza, las manos y el espíritu innovador de María Pía Vargas (29), diseñadora industrial y apasionada de la máquina de coser —que maneja intuitivamente desde niña—. Ella estudió en el Centro de Diseño y cuenta que, de la experiencia de un padre artesano, valoró el trabajo desde el hogar; lo tuvo presente al momento de elegir una carrera primero y volcarse a un emprendimiento después.

Entre cafés, preguntas, respuestas y anécdotas, María Pía definió conceptos de Remolacha y narró metros de experiencia acumulada, porque es todo en el emprendimiento: quien diseña, produce, vende, entrega y hace las cuentas. Ella es una mujer elocuente y desinhibida, que cuenta y describe con pasión. Mezcla temas como si estuviera combinando colores y circunscribe historias como si se tratara del bies de una pieza. También anuda y cierra  anécdotas y aprendizajes porque asegura que “en la vida de un emprendimiento siempre aprendés, también cuando te va mal”.

Me copé con el capitoneado que ahora es la marca registrada de Remolacha

Remolacha nació hace cinco años cuando María Pía estaba preparando el último trabajo de la carrera de Diseño Industrial. “Con una tela que me encantaba me hice una billetera y me copé con el capitoneado que ahora es la marca registrada de Remolacha. Es tan fuerte el concepto que siento que debe de estar presente en todos los productos. Es la seña de identidad, también la combinación de telas y el uso de los colores. Me juego con los colores, pero soy cuidadosa: dos estampados no van, tampoco mezclo cualquier tono. Cada producto tiene una combinación pensada y especial”.

Esa primera billetera fue muy elogiada, tanto que cosió otra que vendió inmediatamente. “Llegaron los pedidos, mi madre se copó y me empezó a ayudar. Elegí el nombre para la marca, que me rondaba de un trabajo de la carrera, y un amigo que diseñador gráfico lo resolvió muy bien: ¡dibujó Remolacha con toda la onda que tiene ahora!”.

Estoy atenta a las mejores y si son viables, las instrumento. A veces se me complica por los insumos, porque Uruguay es un mercado muy chico y no siempre consigo lo que quiero

La marca está orientada, principalmente, a mujeres en un rango etario muy amplio y también, cada vez más, a hombres que se interesan en implementos de diseño. María Pía se ha preocupado en profesionalizar sus productos estables: tres modelos de billeteras, una matera, un bolso, monederos y llaveros, cartucheras y contenedores. “Los clientes piden cambios y yo, además, pregunto a mis amigas. Testeo todo el tiempo. No tomo mate, así que la matera se la regalé a mi hermana y le pedí que sugiriera cambios. Estoy atenta a las mejores y si son viables, las instrumento. A veces se me complica por los insumos, porque Uruguay es un mercado muy chico y no siempre consigo lo que quiero”.

Además de buscar telas originales, algo que según repite María Pía es un tanto difícil, procura reciclar. Aclara que busca ropa en buen estado y las reutiliza porque es un valor asociado a la marca Remolacha. Si el tejido está en condiciones, intenta aprovechar todos los recursos. “Hay veces que se complica porque ciertas telas no son para determinados productos. Tengo que pensar en si lleva broches, las costuras, el bies, si se rasgará con facilidad, etc. Yo reciclo en mi casa, así que si puedo, reciclo en Remolacha porque ¡Remolacha es como yo, pero en marca!”.

Remolacha tiene cuenta en Facebook e Instagram y los productos se compran en Mandolín, Tristán, Mi otra yo, La Vitrina y La Esmeralda Santa Lucía. En breve, estará en Rocha y en San José. La gestión de las redes sociales la hace María Pía, porque “yo soy todo en Remolacha. Soy el cadete, el que hace las compras, el que diseña y cose. Soy el área creativa, la producción y distribución, ¡y el límite de crecimiento de Remolacha, también!”.

El tema con la costura es que soy muy detallista, quiero que todos los productos queden excelentes e iguales. Es un trabajo artesanal, pero con un código de calidad muy alto

A ese respecto, que caracteriza y limita el emprendimiento, comenta que ha estado pensando en delegar y sabe que la producción es un área crítica para el crecimiento de Remolacha. “Si logro ampliar la producción, sería genial, porque ahora tengo un stock limitado. El tema con la costura es que soy muy detallista, quiero que todos los productos queden excelentes e iguales. Es un trabajo artesanal, pero con un código de calidad muy alto. La costura tiene que quedar muy bien. Manejo con mucho cuidado el uso de las telas, la combinación de colores y también los hilos. Siempre trabajo con dos colores diferentes, por ejemplo, y tengo que encontrar a alguien que haga todo eso como yo”.

Ser y hacer todo conlleva sus dificultades y las herramientas de apoyo son vitales para administrar el emprendimiento. María Pía explica que tiene una planilla electrónica para las cuentas y para el stock. De un curso para emprendedores aprendió varias cuestiones, pero también confiesa que “nos enseñaron pila de cosas que no se deben hacer, pero yo las hago igualmente. Por ejemplo, veo cuántos elásticos tengo y compro cuando quedan pocos. Se supone que debo planificar el stock y hacer compras grandes para bajar los costos, ¡pero no tengo lugar! Mi casa está invadida por Remolacha. También guardo todo lo que puedo: los restos de guata, de polifón, de lo que sea. Porque si no sirven para los productos de la marca, pueden servir para otra persona”.

Es el mismo orgullo que sentía cuando era chica y veía a alguien en la calle con un mate tallado por mi papá

Emprender es desafiante y también puede resultar abrumador. Según María Pía, encargarse de los números, la producción, ir, venir, coordinar, salir a comprar, publicar en las redes y terminar los pedidos es agotador. La contracara es cuando ve que sus productos gustan, cuando un cliente vuelve a comprar y en particular se ha sorprendido, en un comercio cualquiera, al ver una persona sacar dinero de una billetera de Remolacha. “Es el mismo orgullo que sentía cuando era chica y veía a alguien en la calle con un mate tallado por mi papá”, agrega con satisfacción.

En relación con el futuro de la marca, la diseñadora cuenta que tiene, entre manos, otra iniciativa textil e industrial y que pronto deberá tomar una decisión al respecto. “Estoy en una encrucijada. Si ese proyecto cuaja este año, me dedicaré a ello porque tiene potencial de diseño y crecimiento. De lo contrario, seguiré profundizando con Remolacha con más productos y una línea para niños, algo así como RemoKids”.

En la cuenta de Facebook de la marca, el 1º de mayo María Pía publicó: “El mundo se mueve gracias a la suma de los pequeños empujones de cada trabajador honesto” (Hellen Keller). En la frase se resumen valores que sustentan el paradigma de atreverse, animarse, ofrecer y aportar. Remolacha es uno de los ejemplos de emprender con honestidad y causa, responsabilidad y constancia; Remolacha es testimonio de un pequeño empujón que deja una impronta en la sociedad.

 

Atrapar y guardar la frescura de un momento

En el hogar de la fotógrafa Virginia Zabaleta Stirling (32) hay fotos colgadas por todas partes. Un hilo narrativo detalla momentos de la familia que conforman Virginia, Guillermo y sus dos pequeñas niñas, Emma y Clara. También hay imágenes del lugar donde Virginia se crió: el campo (Rincón de Francia, Young, Río Negro), la casa y su familia. Hay sonrisas, momentos y recuerdos cotidianos que se hilvanan en las paredes.

Virginia recuerda vagamente el inicio de su relación con la fotografía y la primera vez que tomó una imagen con una cámara. ”Tengo una foto en la que yo tendría unos 4 años. Estaba tirada en el piso con una cámara y una pelota, dos de mis principales intereses en aquel momento”.

En su familia nadie se dedicó a la fotografía profesionalmente ni tampoco como afición, a pesar de estar acostumbrados a los flashes. “Nadie en mi familia sacaba fotos, salvo como forma de retratar un viaje, un acontecimiento en particular o como forma de ilustrar el álbum familiar; teníamos una cámara compacta familiar, era de rollo pero automática. En casa nadie usaba una réflex ni cambiaba lentes”. Por la actividad ganadera y por vivir en una estancia emblemática del Uruguay, la familia estaba acostumbrada a los flashes: recibían delegaciones interesadas en conocer el lugar, fueron parte del repertorio de cascos retratados en dos libros (Antiguas Estancias del Uruguay, Historia y Producción de Irureta Goyena Ediciones y Estancias, arte y paisaje del Uruguay, de Madelón Rodríguez, editorial Manrique Zago) y en su infancia vio a la a la prensa tomar los registros para el remate anual de ganado de la cabaña del establecimiento. “Quizás [todo eso] influyó. Guardo una foto, que adoro, en la que estoy con mi abuelo en un remate. Él está acostado en el piso y yo sobre su espalda, “a caballito”. La tomó un fotógrafo de El País de forma totalmente espontánea mientras registraba los planteles a rematar y nos la envió de obsequio meses después”.

Estos hechos marcaron cierta impronta en Virginia, aunque ella explica que su interés está relacionado con el álbum familiar. “La fotografía es una forma de guardar recuerdos, momentos. Es la forma en la que conocí la infancia de mis hermanos. Yo soy la menor de seis, nací diez años después de mi hermana más chica y crecí muy sola. El álbum me hacía sentir parte de ellos, de su niñez”.

Cambiar de lente

Salí del liceo bastante perdida porque nunca tuve una vocación muy marcada. Me gustaban muchísimas cosas. Sabía que quería estudiar porque en casa nos motivaron a formarnos.

[Primero] me inscribí en Magisterio (en Paysandú), completé primero un año y después me mudé a Montevideo. Me inscribí en Comunicación, Licenciatura en Biología y Diseño Industrial. Seguía perdida y finalmente terminé en Comunicación en la Universidad Católica. En tercero, a la hora de elegir la opción, decidí hacer Organizacional. Periodismo era mi veta, pero opté profundizar en un ámbito que conocía poco para complementar mi formación y que podía darme más opciones laborales”.

A pesar de haber elegido la opción Comunicación Organizacional, la tesis de grado de Virginia fue sobre fotografía. Se sumó a un equipo que realizó una investigación histórica a partir de fotografías de principios del siglo XX en el marco rural. El tema era atractivo por sus vivencias de infancia en el campo y porque la fotografía siempre le resultó fascinante: “un combo difícil de superar por temas organizacionales”.

Encuadre y enfoque

De estudiante trabajó en una consultora de medios y luego de recibirse condujo dos revistas radiales en Maldonado (“Tarde en Vivo” en 1560 AM Radio Maldonado (2008) y “Al Fin Viernes” en FM 101.5 Radiocero en Punta del Este (2013 y 2014). También se dedicó al área organizacional en dos colegios privados de la zona. A la fotografía llegó de forma natural porque “siempre estaba con la cámara en la mano. Mi esposo, Guillermo, participa de un grupo de corredores y yo era quien tomaba las fotos. Creo que el primer trabajo surgió espontáneamente. La gente elogiaba las fotos y yo me sentía cómoda con la cámara. Así fue que di el paso inicial de mi carrera independiente, siempre con todo el apoyo de mi esposo que cree en mí y me estimula constantemente”.

En el rubro fotográfico, como en tantos otros de la vida laboral, la especialización implica una mejor performance. Para Virginia, por sus diferentes intereses, esto es muy difícil. “Me atrae y me encanta la variedad. Así que me muevo entre retratos, bodas, cumpleaños y real state. No he incursionado en fotografía de naturaleza, ya que en mi caso la asocio al ocio y a mis intereses más personales. Cuando voy al campo, a la casa donde crecí, tomo fotos para llevarme un pedacito de aquello al lugar donde vivo ahora”.

La formación continua es parte de la vida cotidiana de la fotógrafa. Se nutre de bibliografía especializada de origen internacional y sigue de cerca el trabajo de colegas porque considera que “en el Uruguay y en el mundo hay una nueva camada de fotógrafos que son excepcionales. Se ha evolucionado desde la fotografía dura, rígida y plana, del retrato clásico al fotorreportaje, que es la tendencia más actual, [en el que se trata de] contar una historia y mostrar los detalles significativos”. Dice que siempre está atenta a la innovación internacional en las áreas que su interés: el fotorreportaje de bodas, el retrato de familias y de recién nacidos. “Más allá de ver ejemplos concretos de determinados fotógrafos, me gusta investigar constantemente y conocer nuevos autores, analizar su mirada y entrenar el ojo en la búsqueda de una composición estéticamente bella que a su vez surja lo más espontáneamente posible”.

Entre diversos cursos y talleres, destaca un seminario de bodas con Fran Russo (fotógrafo español), un taller de Antropología Fotográfica en el CCE (Centro Cultural de España, Montevideo), otros de investigación y conservación de fotografías antiguas en el CdF (Centro de Fotografía, Montevideo) y la formación continua a través del portal Creative Live.  “Los hago porque me gustan, enriquecen mi trabajo y porque no quiero que me encasillen, no quiero que vean una foto y que digan que es de Virginia Zabaleta porque siempre hace lo mismo. Todo me ayuda a definir mi estilo, me nutro de distintas corrientes e incluso de distintas disciplinas, ya que creo que el arte de fotografiar se puede construir desde las más diversas inspiraciones”.

El estilo: planos, estética, tonos

Dice Virginia que no hay un plano en exclusiva que defina su estilo. “Me gusta ir al detalle que dice tanto, pero también me gusta tomar planos generales. Hay una foto que me caracteriza de alguna manera: llevo la cámara al piso y tomo la imagen con un lente de 20 mm, es un gran angular que realza toda la escena, en este caso tomada desde la perspectiva del piso. Rinde mucho en los cumpleaños y con los bebés que están aprendiendo a caminar. Muestro la pisada y generalmente van tomados de la mano de la mamá o el papá, es una foto que cuenta, narra, describe”.

“Me gusta cambiar de planos, lo hago todo el tiempo. Busco el arriba, el abajo, el costado. Me muevo todo el tiempo. Además trabajo con lentes fijos, no con zoom. Cambio los lentes constantemente y principalmente uso dos: el 20 y el 50. Miro la escena y decido. La mayoría de las veces, en un evento, arranco con el [lente de] 20 mm y cruzo el umbral del espacio físico donde se desarrolla para recrear la experiencia que tendría una persona: capto la idea general, como hace el ojo humano. Después voy a los detalles con el 50 antes de que llegue la gente. Y vuelvo al 20 cuando la gente va entrando. La lente fija es excelente porque fue concebida para esa distancia focal, entonces la calidad de imagen, su definición y la profundidad de campo que se logra es muy superior. No necesito ni me gusta usar flash, solo cuento con él en situaciones específicas donde no tengo más remedio que usarlo o porque deseo lograr un efecto puntual”.

Ante el dilema del color o la escala de grises, Virginia piensa y explica: “el color transmite mucho, aunque me gusta alternar los dos al entregar mis trabajos. La escala de grises tiene una connotación más editorial, se asocia de forma natural a la prensa, por lo que se puede decir que “es más periodística” y eso me atrae también. Generalmente edito en escala de grises las fotos que más me gustan y preferentemente en tonos crema, que le da una estética muy particular a la imagen destacando mucho los contrastes.

En el zoom de Virginia Zabaleta

Según Guillermo, esposo y “segunda” cámara del emprendimiento, Virginia se destaca por su dedicación durante las sesiones: “la entrega que brinda genera un feedback increíble con el cliente. Genera lazos de amistad, un relacionamiento a partir de su simpatía. También el tiempo dedicado a la posproducción, a cada foto, porque Virginia considera que cada imagen tiene un algo en particular, aunque parezca similar a otra”. Ella agrega: “quizás es la mirada que es distinta o un ángulo que la vuelve diferente y, al tratarse de algo tan subjetivo, no me gusta decidir por el cliente. Entrego todo, y no me cuesta hacerlo, al contrario, disfruto muchísimo de lo que hago, incluyendo la postproducción”.

Recién nacidos. Hago las sesiones a domicilio para no sacar a los bebés de su hogar y porque me gusta captar el entorno familiar. Llevo algo simple, telas negras, blancas o de colores neutros porque busco imágenes puras y naturales. También llevo distintos detalles que voy consiguiendo pues siempre estoy buscando agregados que den un toque especial a las imágenes e invito a los papás a incluir accesorios que sean emocionalmente importantes para ellos. Puede ser el primer par de escarpines, un muñeco o el nombre del bebé en letras corpóreas. La sesión de recién nacido normalmente se prepara con bastante anticipación y en conjunto con los papás, los padrinos, tíos o abuelos, que muchas veces son quienes la obsequian”.

Bodas, cumpleaños, bautismos. “Le doy mucha trascendencia a las ceremonias, y los momentos cumbre de un bautismo, un barmitzvah o un casamiento son las fotos que más exigen a nivel técnico. Si me equivoco, ¡no es posible repetir el momento! La foto que me pone más nerviosa es cuando la novia entra a la iglesia. Es “el” momento y quiero captar su esencia”.

Sesiones familiares. Parto de la comunicación con cada familia en particular y de lo que ellos tengan en mente y las sesiones las hago siempre en exteriores porque no hago fotografía de estudio. Salvo excepciones, [ya que] me ha tocado hacer sesiones familiares en alguna casa de familia, normalmente buscamos la playa, el Arboretum Lussich, algún paisaje rural, un lindo jardín o espacios públicos abiertos”.

Inmobiliaria. “Todos los rubros en los que me muevo están vinculados con la gente, salvo el de inmobiliaria que está más relacionado con el arte y la estética, porque hago fotografía inmobiliaria de apartamentos de alta gama y casas con mucho diseño. Son lugares que me inspiran donde además puedo hacer producción, que también me gusta. Llevo copas, vino, libros y armo escenas”. Aquí y en los eventos empresariales es donde entra más en juego la mirada comunicacional: analizar el destino que dará el cliente a las imágenes, cuál es su función y qué se pretende lograr con ellas, y a partir de esto orientar la mirada.

Autorretrato I: aprendizajes

Virginia hace la gestión de las redes sociales de su marca y también se encarga del mantenimiento de la página web. Procura encargarse de todo y lo hace pasionalmente, tanto que aclara: “me falta la cabeza ordenada que favorecería el emprendimiento. Tengo muchas ideas, pero no siempre tengo la disciplina de seguir una rutina que me permita concretarlas ni tampoco el tiempo para lograrlo. O al menos no lo he logrado aún, es un punto a trabajar. Muchas veces me cuesta mantener la cabeza positiva porque no siempre estoy con el mejor ánimo, especialmente en las semanas en las que hay poco trabajo. Pero sé que eso es parte de emprender”.

“Emprender significa momentos altos y momentos bajos en los que no hay más remedio que acudir al entorno familiar por una ayuda puntual o para levantar el ánimo. Son fundamentales el apoyo de la familia, de la pareja y de algún mentor (he tenido varios en mi vida profesional). Emprender es aprender y también arriesgar. Yo dejé el trabajo en una consultoría y lo pude hacer porque mi familia me apoyó. Tenía, además, la motivación de mis niñas chiquitas y con la fotografía podía quedarme más en casa”.

“Me organizo como puedo, cada día es diferente. Mi esposo, además de ser abogado es mi segunda cámara y hacemos las bodas en conjunto. En la previa de la ceremonia, yo voy con la novia y él con el novio, pero además hacemos juntos la preboda (la sesión de exteriores anterior) un tiempo antes, donde se establece un vínculo previo con la pareja. En esos días, siempre hay algún familiar que cuida a las niñas. Son horas y horas de trabajo. Podemos hacer dos eventos por día, uno al mediodía y otro en la noche (que comienza en la tarde, muchas veces). Y después paso mucho tiempo en la edición. Es una tarea que me gusta, me concentro en la noche cuando los demás ya duermen. Tomo bastante café para mitigar el sueño, disfruto de la noche y de la serenidad”.

Autorretrato II: los proyectos

Las ideas y proyectos surgen durante toda la charla, Virginia muestra, da ejemplos, busca libros en los que aprende y se inspira. “Me gustaría participar de productos fotográficos con una veta o fin periodística. Desde hace mucho pienso en un libro para mostrar estancias porque es parte de mi historia. [En particular,] me gustaría hacer un libro de las estancias en decadencia. Quizás para ayudar, de alguna manera. Sé lo difícil que es mantener un casco de estancia. Sé cuánto trabajó mi abuela primero y mi madre después para que no decaiga Rincón de Francia. Está el caso de Viraroes, que estaba en muy mal estado y un grupo inversor extranjero la recuperó y recicló por completo. Quién dice… quizás a través de un libro de fotografías se consiga atraer el interés de inversores en otras construcciones históricamente valiosas a nivel rural, se logre obtener los fondos para restaurarlas o invitar a la reflexión acerca de esta realidad que existe en tantos lugares menos conocidos del interior de nuestro país. O al menos, sacarle una foto antes de que se vuelva una ruina total”.

“La edición de libros fotográficos es un interés que tengo pendiente y ojalá pueda concretarlo de la mano de varios proyectos que tengo en mente. Algunos tienen relación con lo editorial y otros con poner la fotografía al servicio de la sociedad donde hay mucho para dar y trabajar, como el caso del proyecto fotográfico “Aunque sea por un segundo”, una iniciativa de la Fondation Mimi Ullens, de origen belga, que me llegó mucho y despertó en mí la voluntad de por qué no hacer algo similar algún día en nuestro país”.

A Guillermo y a Virginia les gustan los proyectos sociales porque ayudar a la comunidad está entre sus valores personales. Por eso, llevan adelante una iniciativa en la que ofrecen sus servicios fotográficos para organizaciones que necesiten mostrar su actividad. A cambio piden conocer el trabajo de la organización y costear los gastos de traslado si hay que movilizarse fuera de Maldonado.

El ojo de Virginia Zabaleta está atento a las demandas, mira la escena y decide, cambia de lente y se enfoca en una boda, en un recién nacido, en un bautismo, en el glamour de un apartamento lujoso o en las demandas de una organización social que necesita la ayuda de una fotógrafa sensible y cercana.

Gebana de Leiden Shoes: elegancia y comodidad

 

En la primavera de 2016, en las redes sociales vi un anuncio de zapatos que me llamó la atención por el diseño y el estilo del producto. Comencé a seguir la marca, pues quedé inmediatamente enamorada de los Gebana de Leiden Shoes. No los compré en ese momento y tampoco me compré zapatos en primavera ni en verano, quizás porque todos los demás me parecían sosos en comparación con esos zapatos tipo “balerinas sofisticadas”.

¿Qué tenían los Gebana en particular? Taco bajo (ideales para andar todo el día y trasladarme en mi bici urbana), un color muy sutil, cuero con textura, punta marcada y un diseño transversal que deja el empeine libre y cubre el arco. Los zapatos, ya puestos, tienen un interesante efecto espejo, como si fueran una mariposa.

Un lunes de marzo, en el medio de un sopor como no recordaba en mi vida, también en las redes sociales encontré un mensaje que parecía especialmente dirigido a mí: ¡quedaban las últimas Gebanas y estaban rebajadas! Sin dudarlo, me contacté con Leiden Shoes y esa misma tarde fui a buscar mis zapatos. Elegí un par de color habano  —ofrecían, además, la versión en negro— y casi salgo con ellos puestos.

Los estrené la mañana siguiente, a pesar del calor, y ese día y los sucesivos estuve admirando mis pies por la elegancia que otorgan. Son versátiles y por ello perfectos para faldas, vestidos, pantalones de todo tipo y jeans.

Los Gebana (nombre inspirado en La Habana) están confeccionados y forrados íntegramente en cuero nacional.  El taco es de madera y se llama “bizcocho” (diversas piezas pegadas una sobre la otra), la suela es antideslizante y la plantilla tiene un material similar a la goma eva para amortiguar el impacto y hacerlos más cómodos.

El zapato cuenta con dos partes: la puntera (triangular y muy “estilizante”) y el resto del pie, unidas por una costura doble. En la vira (contorno) la costura es simple y en el talón es doble. El interior de cada Gebana, forrado en suave cuero, está totalmente realizado en doble costura.

Detrás de los originales Gebana hay talento y un emprendimiento a cargo de dos mujeres que un buen día se la jugaron para vivir del diseño y de la venta de zapatos.

Leiden Shoes: zapatos con diseño pensados para mujeres multitarea

Ana Laura Pacillo (33) es licenciada en Negocios Internacionales y tiene un posgrado en Márketing y Romina Inverso (29) es técnica en Vestimenta. En 2013 se conocieron trabajando en la misma empresa en el rubro textil. Descubrieron intereses en común y un mismo espíritu emprendedor.

Romina ya diseñaba ropa y Ana Laura tenía “un montón de ideas sobre zapatos”. Esas ideas necesitaban “bajarse al diseño y hacerlas viables” y Romina parecía ser “la persona ideal”. “Nos juntamos y comenzó todo. Fuimos trabajando de a poco y Leiden, como empresa, surgió a inicios de 2016. ¡Dejamos nuestros trabajos y nos jugamos! Invertimos todos los ahorros, podíamos ganar o perder, pero sentíamos que ese era el momento. Al inicio fue como una ONG porque todo el dinero que ingresaba lo recapitalizábamos”, explica Ana Laura.

Las “chicas Leiden” se dedican a diseñar y vender zapatos, exclusivamente. Sus creaciones se caracterizan “por el diseño, la combinación de colores y la buena hechura”. Para ello, buscaron un taller propio y se asociaron con el tallerista. “Fuimos hacia atrás en la línea de producción, apostamos a quien hace el zapato. Buscamos a un excelente tallerista; Romina, con su experiencia, se encargó de ese tema y, además, ahora el trabaja en el taller. Y yo me encargo del área comercial”, comenta Ana Laura.

“Alto invierno” fue la primera colección que lanzaron el año pasado, exclusivamente con botines. “Quisimos evaluar la aceptación y tuvimos mucho éxito”, explican. De esa manera, comenzaron a crear un nombre en el mercado y para el avance del verano 2016 ofrecieron diez productos. Entre ellos, las Gebana, “que se caracterizan por la comodidad y elegancia”, según las autoras.

Los zapatos Leiden se encuentran en ferias de diseño (recientemente estuvieron en Máxima) y en el atelier de la marca. Las redes sociales, que ellas mismas gestionan, son su principal instrumento de difusión y venta (FBK, Instagram y Twitter). Sus diseños, para mujeres de 30 a 60 años, procuran brindar comodidad y estilo a “mujeres trabajadoras, con ideales, mujeres multitarea, que buscan zapatos cómodos para cualquier actividad”.

En poco tiempo, pero con muchísimas horas invertidas en el emprendimiento, Romina y Ana Laura ya cuentan con varias lecciones aprendidas. Entre tantas, destacan que “hay muchas mujeres que emprenden, pero que no tienen las herramientas para desarrollar el negocio que quieren. Hay miedos, falta de financiación y poca ayuda. Nosotras llegamos a donde estamos porque actuamos desde otro lugar, ayudamos todo el tiempo y propiciamos el compañerismo, y eso es recíproco”. Agregan que “se puede vivir del diseño y venta de zapatos” y enfatizan que “demanda un compromiso total y muchas horas de trabajo”. Su diferencial es escuchar a las clientas y para ello cuentan con las redes sociales y el atelier que “es un lugar ideal para conversar, charlar y atender personalizadamente”.

En la colección de invierno 2017 siguen los modelos de taco bajo, aunque innovaron con algunos altos y plataformas. Con sus zapatos y botines “de mujeres para mujeres” piensan afianzar el mercado montevideano y llegar al interior del país. “Creemos que hay potencial, necesitamos revendedores que sigan con nuestra línea de atención personalizada porque ese es uno de nuestros diferenciales”.

Del blog al taller. La experiencia de “La Vida la la la” para “construir la realidad en la que se quiere vivir”

Susana Castro Conti (43) es esposa, madre y docente de Comunicación Visual, y es la responsable del Taller (de crochet y otras artesanías) La Vida la la la. Susana es muy cordial, expresiva y se muestra naturalmente dispuesta a mostrar lo que hace. Su inclinación por la docencia se hace evidente en el tono de su voz y en la forma de encarar los temas. Además, en la manera generosa de contar sus vivencias como emprendedora.

Su experiencia comenzó con un blog que se transformó en un taller. El lugar físico en el que se desarrollan las instancias creativas (el taller físico) está muy cuidado porque el entorno debe favorecer el proceso de enseñanza-aprendizaje. La modalidad de taller permite intervenciones que Susana considera fundamentales para el proceso creativo, por ello “el lugar debe generar ganas de estar para predisponer al aprendizaje y fomentar la creatividad”.

El taller, amplio y con ventana a la calle, es un lugar que invita. Es un espacio en el que prevalece el color y el orden, a pesar de la gran cantidad de materiales. Hay latas y latitas, cajas de todos los tamaños y baldes pequeños que albergan lápices, pinceles, fibras. Hay muchos cajones, algunos grandes y otros chiquitos. Hay armonía y diversas texturas. Hay elementos que invitan a trabajar con las manos y artesanías que invitan a mirar o usar. Entre tanto color, prevalece el anaranjado y el rosa con algunos tonos de fucsia y violeta.

La preocupación estética del emprendimiento también se evidencia en las redes sociales. El contenido de las publicaciones de “La Vida la la la” en Faebook e Instagram es variado y, además, generan un boletín de noticias cuando tienen un taller para ofrecer. Se muestra un trabajo arduo y constante, y un afán por sostener el interés del público.

Una instancia para la creatividad personal

Susana se presenta como profesora de Comunicación Visual y también como emprendedora, aunque lo expresa con timidez y parece que debe justificarlo con una sonrisa, como si todavía no se convenciera de su iniciativa. “Mi trabajo formal como profesora de Dibujo, y de Educación Visual y Plástica es en Secundaria (pública y privada). Toda la vida me gustaron las manualidades, me gusta coser, tejer, bordar, y  me pasó algo que es habitual en la docencia: mi espacio creativo personal se fue relegando porque los tiempos no dan….

A partir de una capacitación específica en relación con las TIC (Tecnologías para la Información y la Comunicación), Susana se enganchó en un foro español de decoración de interiores, un tema vinculado a su veta creativa. “Muchos de los miembros del foro tenían blogs, descubrí ese mundo y me entusiasmé. Los blogs abren puertas que abren otras puertas, así que de la decoración de interiores llegué a blogs de artesanías. Y de España salté a Argentina. Me entusiasmé tanto que comencé a armar un blog; empecé a hacerme un espacio para mí, el tiempo creativo que estaba abandonado. Ese fue el primer sentido del blog La Vida la la la.

El nombre del blog, que canta a la vida, es una expresión comodín de su familia. “Es una frase que dice todo y nada, que tiene música y que destaca la unión de vida y del canto, de la vida y del disfrute. Es algo divagada, pero me gustó y me sigue gustando”.

Entre los miembros de un foro (personas con un fuerte interés en común) suelen generarse vínculos fraternos y Susana no fue ajena a esa realidad. En las conversaciones digitales —dice que en ciertas charlas hasta se trataban temas muy íntimos— surgió la necesidad y el empuje para pasar del blog a la acción. Hubo quienes se dedicaron a vender sus artesanías, quienes emprendieron en grupo y quienes se enfocamos a enseñar. Del blog, entonces, surgió el taller “La Vida la la la” para unir la docencia y un espacio de creatividad.

Un espacio para crear con las manos

Los primeros talleres que Susana ofreció, hace cuatro años, fueron de crochet. “El crochet es muy sencillo, yo veía, de niña, a mis abuelas hacer crochet y en particular lo aprendí con mi suegra. Ella me enseñó la técnica básica y descubrí que, a partir de lo básico, se puede hacer mucho”.

Susana agrega, insistentemente, que no es necesario de “tener mano”. En su taller para principiantes llegan personas “que no saben nada y se van con algo hecho por ellos”. “Lo más básico es el punto bajo que permite mucho más, porque el crochet se basa en combinaciones de ese punto. Es cierto que requiere algo de pensamiento geométrico y quizás algunas personas, las que tienen inteligencia espacial, se sentirán más cómodas con la técnica. Pero quienes no tengan esa habilidad, también pueden aprender”.

La propuesta de talleres de “La Vida la la la” es de aprendizaje y experiencia compartida. Susana trabaja en la creación de “un espacio para pasarla bien, para crear con las manos”. Asisten, mayormente, mujeres entre 20 y 60 años y, en general, cuando van adolescentes lo hacen en compañía de sus mamás, “para pasar un tiempo juntas”.

Del crochet para principiantes —que es el primer escalón— se puede continuar con talleres más avanzados. En 2016, se realizaron varios: uno de mandalas, otro de amigurumis y uno de granny squares (los cuadrados de abuela).  

Además del crochet, en “La Vida la la la” se ofrecen diversas instancias creativas porque Susana comparte el taller con otros artesanos. Esas instancias (sobre bordado, encuadernación, fieltro húmedo y papel reciclado) le permiten, además, participar como asistente para aprender y enriquecer su veta creativa.

Emprender es aprender

Gestionar el taller y que funcione implica mucha dedicación, significa tiempo de trabajo, además del que demandan las clases y la vida (del hogar y en general). Para que el taller sea viable hay que alimentar las redes sociales y generar boletines informativos. “Mi esposo me ayuda porque es mucho trabajo. Requiere dedicación, esfuerzo y mantenimiento. Todo fue surgiendo y tuve que aprender sobre la marcha. No solo he tenido que aprender y mejorar las técnicas que enseño, sino que debo estar al día con otras cuestiones. Por eso aprendí a manejar Facebook e Instagram, por ejemplo. Me inclino por las redes que me gustan más o las que me son más fáciles, el blog primero e Instagram ahora. Pero también tengo que hacer otras, porque Facebook, por ejemplo, tiene gran alcance y muchas repercusiones”.

El taller de Susana es parte de su casa, porque “en definitiva, es un emprendimiento familiar, mi esposo se encarga de la gestión de la base de datos para la newsletter y mis hijos me ayudan los días de taller. El emprendimiento tiene un involucramiento familiar. Así se dio porque emprender implica vivir de una forma coherente con los sueños”.

Susana agrega que emprender significa animarse a seguir a pesar de las dificultades y que el desafío es sobreponerse a los problemas y continuar. También implica estar atento a las oportunidades, generar espacios, manejar los intereses y lidiar con el manejo de los tiempos (¡todo un tema, según ella misma confiesa!). Cuando Susana pasó de los sueños a la acción, tenía mucho miedo. “Pensaba ¿qué pasa si no viene nadie? Y me decía: ¡nada! Habrá que ofrecer un nuevo taller”.

Su recomendación, como emprendedora, es que “hay que aprender a bancarse la frustración. Hay que aprender a tolerar los errores porque si realmente se quiere algo, hay que meterle para sobreponerse a `los a pesar de´”.

Taller La Vida la la la

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Qué se ofrece: “Técnicas y experiencias, un tiempo para cada uno. Un tiempo para tomar té, café y crear, para sentir la gratificación de transformar algo.

Días de taller: sábados de tarde.

Técnicas: crochet y bordado, fundamentalmente. En estos años han realizado talleres de encuadernación, fieltro húmedo y papel reciclado. Y a futuro mucho más: origami, caligrafía bordada y confección de prendas básicas.

Para: quienes gustan de las manualidades, valoran los oficios y quieren experimentar la satisfacción de crear.