Para inaugurar la temporada de sopas

 

La temporada de sopa comienza con el otoño cuando las hojas de los árboles parecen fusionar sus colores y texturas en platos y tazones. Si bien los fanáticos la consumen todo el año, más allá la temperatura, se trata de una preparación que en estas latitudes se toma caliente (el gazpacho es una rareza) y cuando hace frío. Es una receta clásica de hogar, aunque los cocineros más renombrados la han elevado a un plato gourmet. Por eso se sirve hasta en distinguidos restaurantes, y está tan de moda, incluso, que en el mercado de electrodomésticos se venden “soperas eléctricas” con recetarios para sibaritas.

La sopa, según el Diccionario de la Real Academia, es un “plato compuesto de un caldo y uno o más ingredientes sólidos cocidos en él”. Entre los diversos tipos, se mencionan las de fideos, verduras y pescados.

El Manual de Cocina del Instituto Crandon (Ediciones B), referencia en la gastronomía uruguaya, dedica un capítulo al brebaje y explica que hay una gran variedad, “desde el bouillon que despierta el apetito con su aromático sabor, hasta las sopas espesas que se pueden servir como plato principal en una comida rápida”.

El libro —que como buen manual define las bases— explica que la sopa se toma en platos hondos o tazones, sugiere calentar los recipientes para que la preparación llegue con la temperatura justa a la mesa, puntualiza la cantidad que se acostumbra a servir y explicita la clasificación. A este respecto, dice que hay sopas livianas, medianas y espesas. Entre las primeras se encuentran los caldos, consomés y bouillons. Las de vegetales, las licuadas y las cremosas se ubican en el segundo tipo; mientras que entre las espesas están los minestronos, los chowders y las de leguminosas.

La sopa crema se prepara a partir de una salsa blanca muy liviana o de un licuado de vegetales y el bouillon es un caldo con cierta concentración que se elabora por cocción en agua de carne o huesos y con hierbas aromáticas. El minestrono (también conocido como minestrón o menestrón) es la especialidad de la cocina italiana, lleva verduras y puede tener pasta o arroz. El chowder es una sopa espesa en la que se dejan los alimentos en trozos relativamente grandes.

Las sopas son muy sencillas de preparar y se cocinan solas, aunque requieren algo de tiempo y un poquito de atención. Si las verduras son insípidas, la sal marina, la pimienta, el jengibre o el queso aportan dinamismo y le quitan el aire de “preparación de hospital”. Mi favorita contiene espinaca, zapallo o calabaza, zanahoria, puerro, nabo y un centímetro de jengibre. Cuando las verduras están listas, se licua y una pizca de curry le otorga la magia de Oriente.

En Montevideo, hay varios restaurantes donde probar ricas sopas (in situ o para llevar). La oferta para el mediodía es bastante amplia, aunque para la cena se acota un poco. En el mundo digital circulan varias recomendaciones para una “ruta sopera”: Caramelos de lima, Valentina Baccino Nutrición y Comer Mejor sugieren sus preferidos en función de diversos criterios (para vegetarianos o veganos, adecuación nutricional, etc).

Más allá de los aportes de estos especialistas en el rubro gastronómico y de nutrición, me atrevo con recomendaciones basadas en la experiencia de tomar mucha sopa. En esta lista de sopas montevideanas con vegetales (quedan por fuera el arroz y los fideos), los tazones son generosos con preparaciones caseras, espesas y hasta virtuosas. Para llevar, sugiero visitar Mercado Verde y Masala Haus, y para disfrutar en el propio restaurante, recomiendo Benicio Deli & Cofee House, Disfruta, Bar Lobo y Jacinto (estos dos últimos tienen servicio de cena).

Si la sopa te es ajena, animate en cualquiera de estos restaurantes; encontrarás sabor y hasta pasión en preparaciones bien elaboradas. Y si vas por más, preparala en tu casa. Hay cientos de recetas en libros clásicos, digitales y en modernas aplicaciones, y contá con tu intuición culinaria que, en definitiva, te guiará hacia el punto mágico en el que el sabor por lo simple se transforma en placer.

Atrapar y guardar la frescura de un momento

En el hogar de la fotógrafa Virginia Zabaleta Stirling (32) hay fotos colgadas por todas partes. Un hilo narrativo detalla momentos de la familia que conforman Virginia, Guillermo y sus dos pequeñas niñas, Emma y Clara. También hay imágenes del lugar donde Virginia se crió: el campo (Rincón de Francia, Young, Río Negro), la casa y su familia. Hay sonrisas, momentos y recuerdos cotidianos que se hilvanan en las paredes.

Virginia recuerda vagamente el inicio de su relación con la fotografía y la primera vez que tomó una imagen con una cámara. ”Tengo una foto en la que yo tendría unos 4 años. Estaba tirada en el piso con una cámara y una pelota, dos de mis principales intereses en aquel momento”.

En su familia nadie se dedicó a la fotografía profesionalmente ni tampoco como afición, a pesar de estar acostumbrados a los flashes. “Nadie en mi familia sacaba fotos, salvo como forma de retratar un viaje, un acontecimiento en particular o como forma de ilustrar el álbum familiar; teníamos una cámara compacta familiar, era de rollo pero automática. En casa nadie usaba una réflex ni cambiaba lentes”. Por la actividad ganadera y por vivir en una estancia emblemática del Uruguay, la familia estaba acostumbrada a los flashes: recibían delegaciones interesadas en conocer el lugar, fueron parte del repertorio de cascos retratados en dos libros (Antiguas Estancias del Uruguay, Historia y Producción de Irureta Goyena Ediciones y Estancias, arte y paisaje del Uruguay, de Madelón Rodríguez, editorial Manrique Zago) y en su infancia vio a la a la prensa tomar los registros para el remate anual de ganado de la cabaña del establecimiento. “Quizás [todo eso] influyó. Guardo una foto, que adoro, en la que estoy con mi abuelo en un remate. Él está acostado en el piso y yo sobre su espalda, “a caballito”. La tomó un fotógrafo de El País de forma totalmente espontánea mientras registraba los planteles a rematar y nos la envió de obsequio meses después”.

Estos hechos marcaron cierta impronta en Virginia, aunque ella explica que su interés está relacionado con el álbum familiar. “La fotografía es una forma de guardar recuerdos, momentos. Es la forma en la que conocí la infancia de mis hermanos. Yo soy la menor de seis, nací diez años después de mi hermana más chica y crecí muy sola. El álbum me hacía sentir parte de ellos, de su niñez”.

Cambiar de lente

Salí del liceo bastante perdida porque nunca tuve una vocación muy marcada. Me gustaban muchísimas cosas. Sabía que quería estudiar porque en casa nos motivaron a formarnos.

[Primero] me inscribí en Magisterio (en Paysandú), completé primero un año y después me mudé a Montevideo. Me inscribí en Comunicación, Licenciatura en Biología y Diseño Industrial. Seguía perdida y finalmente terminé en Comunicación en la Universidad Católica. En tercero, a la hora de elegir la opción, decidí hacer Organizacional. Periodismo era mi veta, pero opté profundizar en un ámbito que conocía poco para complementar mi formación y que podía darme más opciones laborales”.

A pesar de haber elegido la opción Comunicación Organizacional, la tesis de grado de Virginia fue sobre fotografía. Se sumó a un equipo que realizó una investigación histórica a partir de fotografías de principios del siglo XX en el marco rural. El tema era atractivo por sus vivencias de infancia en el campo y porque la fotografía siempre le resultó fascinante: “un combo difícil de superar por temas organizacionales”.

Encuadre y enfoque

De estudiante trabajó en una consultora de medios y luego de recibirse condujo dos revistas radiales en Maldonado (“Tarde en Vivo” en 1560 AM Radio Maldonado (2008) y “Al Fin Viernes” en FM 101.5 Radiocero en Punta del Este (2013 y 2014). También se dedicó al área organizacional en dos colegios privados de la zona. A la fotografía llegó de forma natural porque “siempre estaba con la cámara en la mano. Mi esposo, Guillermo, participa de un grupo de corredores y yo era quien tomaba las fotos. Creo que el primer trabajo surgió espontáneamente. La gente elogiaba las fotos y yo me sentía cómoda con la cámara. Así fue que di el paso inicial de mi carrera independiente, siempre con todo el apoyo de mi esposo que cree en mí y me estimula constantemente”.

En el rubro fotográfico, como en tantos otros de la vida laboral, la especialización implica una mejor performance. Para Virginia, por sus diferentes intereses, esto es muy difícil. “Me atrae y me encanta la variedad. Así que me muevo entre retratos, bodas, cumpleaños y real state. No he incursionado en fotografía de naturaleza, ya que en mi caso la asocio al ocio y a mis intereses más personales. Cuando voy al campo, a la casa donde crecí, tomo fotos para llevarme un pedacito de aquello al lugar donde vivo ahora”.

La formación continua es parte de la vida cotidiana de la fotógrafa. Se nutre de bibliografía especializada de origen internacional y sigue de cerca el trabajo de colegas porque considera que “en el Uruguay y en el mundo hay una nueva camada de fotógrafos que son excepcionales. Se ha evolucionado desde la fotografía dura, rígida y plana, del retrato clásico al fotorreportaje, que es la tendencia más actual, [en el que se trata de] contar una historia y mostrar los detalles significativos”. Dice que siempre está atenta a la innovación internacional en las áreas que su interés: el fotorreportaje de bodas, el retrato de familias y de recién nacidos. “Más allá de ver ejemplos concretos de determinados fotógrafos, me gusta investigar constantemente y conocer nuevos autores, analizar su mirada y entrenar el ojo en la búsqueda de una composición estéticamente bella que a su vez surja lo más espontáneamente posible”.

Entre diversos cursos y talleres, destaca un seminario de bodas con Fran Russo (fotógrafo español), un taller de Antropología Fotográfica en el CCE (Centro Cultural de España, Montevideo), otros de investigación y conservación de fotografías antiguas en el CdF (Centro de Fotografía, Montevideo) y la formación continua a través del portal Creative Live.  “Los hago porque me gustan, enriquecen mi trabajo y porque no quiero que me encasillen, no quiero que vean una foto y que digan que es de Virginia Zabaleta porque siempre hace lo mismo. Todo me ayuda a definir mi estilo, me nutro de distintas corrientes e incluso de distintas disciplinas, ya que creo que el arte de fotografiar se puede construir desde las más diversas inspiraciones”.

El estilo: planos, estética, tonos

Dice Virginia que no hay un plano en exclusiva que defina su estilo. “Me gusta ir al detalle que dice tanto, pero también me gusta tomar planos generales. Hay una foto que me caracteriza de alguna manera: llevo la cámara al piso y tomo la imagen con un lente de 20 mm, es un gran angular que realza toda la escena, en este caso tomada desde la perspectiva del piso. Rinde mucho en los cumpleaños y con los bebés que están aprendiendo a caminar. Muestro la pisada y generalmente van tomados de la mano de la mamá o el papá, es una foto que cuenta, narra, describe”.

“Me gusta cambiar de planos, lo hago todo el tiempo. Busco el arriba, el abajo, el costado. Me muevo todo el tiempo. Además trabajo con lentes fijos, no con zoom. Cambio los lentes constantemente y principalmente uso dos: el 20 y el 50. Miro la escena y decido. La mayoría de las veces, en un evento, arranco con el [lente de] 20 mm y cruzo el umbral del espacio físico donde se desarrolla para recrear la experiencia que tendría una persona: capto la idea general, como hace el ojo humano. Después voy a los detalles con el 50 antes de que llegue la gente. Y vuelvo al 20 cuando la gente va entrando. La lente fija es excelente porque fue concebida para esa distancia focal, entonces la calidad de imagen, su definición y la profundidad de campo que se logra es muy superior. No necesito ni me gusta usar flash, solo cuento con él en situaciones específicas donde no tengo más remedio que usarlo o porque deseo lograr un efecto puntual”.

Ante el dilema del color o la escala de grises, Virginia piensa y explica: “el color transmite mucho, aunque me gusta alternar los dos al entregar mis trabajos. La escala de grises tiene una connotación más editorial, se asocia de forma natural a la prensa, por lo que se puede decir que “es más periodística” y eso me atrae también. Generalmente edito en escala de grises las fotos que más me gustan y preferentemente en tonos crema, que le da una estética muy particular a la imagen destacando mucho los contrastes.

En el zoom de Virginia Zabaleta

Según Guillermo, esposo y “segunda” cámara del emprendimiento, Virginia se destaca por su dedicación durante las sesiones: “la entrega que brinda genera un feedback increíble con el cliente. Genera lazos de amistad, un relacionamiento a partir de su simpatía. También el tiempo dedicado a la posproducción, a cada foto, porque Virginia considera que cada imagen tiene un algo en particular, aunque parezca similar a otra”. Ella agrega: “quizás es la mirada que es distinta o un ángulo que la vuelve diferente y, al tratarse de algo tan subjetivo, no me gusta decidir por el cliente. Entrego todo, y no me cuesta hacerlo, al contrario, disfruto muchísimo de lo que hago, incluyendo la postproducción”.

Recién nacidos. Hago las sesiones a domicilio para no sacar a los bebés de su hogar y porque me gusta captar el entorno familiar. Llevo algo simple, telas negras, blancas o de colores neutros porque busco imágenes puras y naturales. También llevo distintos detalles que voy consiguiendo pues siempre estoy buscando agregados que den un toque especial a las imágenes e invito a los papás a incluir accesorios que sean emocionalmente importantes para ellos. Puede ser el primer par de escarpines, un muñeco o el nombre del bebé en letras corpóreas. La sesión de recién nacido normalmente se prepara con bastante anticipación y en conjunto con los papás, los padrinos, tíos o abuelos, que muchas veces son quienes la obsequian”.

Bodas, cumpleaños, bautismos. “Le doy mucha trascendencia a las ceremonias, y los momentos cumbre de un bautismo, un barmitzvah o un casamiento son las fotos que más exigen a nivel técnico. Si me equivoco, ¡no es posible repetir el momento! La foto que me pone más nerviosa es cuando la novia entra a la iglesia. Es “el” momento y quiero captar su esencia”.

Sesiones familiares. Parto de la comunicación con cada familia en particular y de lo que ellos tengan en mente y las sesiones las hago siempre en exteriores porque no hago fotografía de estudio. Salvo excepciones, [ya que] me ha tocado hacer sesiones familiares en alguna casa de familia, normalmente buscamos la playa, el Arboretum Lussich, algún paisaje rural, un lindo jardín o espacios públicos abiertos”.

Inmobiliaria. “Todos los rubros en los que me muevo están vinculados con la gente, salvo el de inmobiliaria que está más relacionado con el arte y la estética, porque hago fotografía inmobiliaria de apartamentos de alta gama y casas con mucho diseño. Son lugares que me inspiran donde además puedo hacer producción, que también me gusta. Llevo copas, vino, libros y armo escenas”. Aquí y en los eventos empresariales es donde entra más en juego la mirada comunicacional: analizar el destino que dará el cliente a las imágenes, cuál es su función y qué se pretende lograr con ellas, y a partir de esto orientar la mirada.

Autorretrato I: aprendizajes

Virginia hace la gestión de las redes sociales de su marca y también se encarga del mantenimiento de la página web. Procura encargarse de todo y lo hace pasionalmente, tanto que aclara: “me falta la cabeza ordenada que favorecería el emprendimiento. Tengo muchas ideas, pero no siempre tengo la disciplina de seguir una rutina que me permita concretarlas ni tampoco el tiempo para lograrlo. O al menos no lo he logrado aún, es un punto a trabajar. Muchas veces me cuesta mantener la cabeza positiva porque no siempre estoy con el mejor ánimo, especialmente en las semanas en las que hay poco trabajo. Pero sé que eso es parte de emprender”.

“Emprender significa momentos altos y momentos bajos en los que no hay más remedio que acudir al entorno familiar por una ayuda puntual o para levantar el ánimo. Son fundamentales el apoyo de la familia, de la pareja y de algún mentor (he tenido varios en mi vida profesional). Emprender es aprender y también arriesgar. Yo dejé el trabajo en una consultoría y lo pude hacer porque mi familia me apoyó. Tenía, además, la motivación de mis niñas chiquitas y con la fotografía podía quedarme más en casa”.

“Me organizo como puedo, cada día es diferente. Mi esposo, además de ser abogado es mi segunda cámara y hacemos las bodas en conjunto. En la previa de la ceremonia, yo voy con la novia y él con el novio, pero además hacemos juntos la preboda (la sesión de exteriores anterior) un tiempo antes, donde se establece un vínculo previo con la pareja. En esos días, siempre hay algún familiar que cuida a las niñas. Son horas y horas de trabajo. Podemos hacer dos eventos por día, uno al mediodía y otro en la noche (que comienza en la tarde, muchas veces). Y después paso mucho tiempo en la edición. Es una tarea que me gusta, me concentro en la noche cuando los demás ya duermen. Tomo bastante café para mitigar el sueño, disfruto de la noche y de la serenidad”.

Autorretrato II: los proyectos

Las ideas y proyectos surgen durante toda la charla, Virginia muestra, da ejemplos, busca libros en los que aprende y se inspira. “Me gustaría participar de productos fotográficos con una veta o fin periodística. Desde hace mucho pienso en un libro para mostrar estancias porque es parte de mi historia. [En particular,] me gustaría hacer un libro de las estancias en decadencia. Quizás para ayudar, de alguna manera. Sé lo difícil que es mantener un casco de estancia. Sé cuánto trabajó mi abuela primero y mi madre después para que no decaiga Rincón de Francia. Está el caso de Viraroes, que estaba en muy mal estado y un grupo inversor extranjero la recuperó y recicló por completo. Quién dice… quizás a través de un libro de fotografías se consiga atraer el interés de inversores en otras construcciones históricamente valiosas a nivel rural, se logre obtener los fondos para restaurarlas o invitar a la reflexión acerca de esta realidad que existe en tantos lugares menos conocidos del interior de nuestro país. O al menos, sacarle una foto antes de que se vuelva una ruina total”.

“La edición de libros fotográficos es un interés que tengo pendiente y ojalá pueda concretarlo de la mano de varios proyectos que tengo en mente. Algunos tienen relación con lo editorial y otros con poner la fotografía al servicio de la sociedad donde hay mucho para dar y trabajar, como el caso del proyecto fotográfico “Aunque sea por un segundo”, una iniciativa de la Fondation Mimi Ullens, de origen belga, que me llegó mucho y despertó en mí la voluntad de por qué no hacer algo similar algún día en nuestro país”.

A Guillermo y a Virginia les gustan los proyectos sociales porque ayudar a la comunidad está entre sus valores personales. Por eso, llevan adelante una iniciativa en la que ofrecen sus servicios fotográficos para organizaciones que necesiten mostrar su actividad. A cambio piden conocer el trabajo de la organización y costear los gastos de traslado si hay que movilizarse fuera de Maldonado.

El ojo de Virginia Zabaleta está atento a las demandas, mira la escena y decide, cambia de lente y se enfoca en una boda, en un recién nacido, en un bautismo, en el glamour de un apartamento lujoso o en las demandas de una organización social que necesita la ayuda de una fotógrafa sensible y cercana.

Gebana de Leiden Shoes: elegancia y comodidad

 

En la primavera de 2016, en las redes sociales vi un anuncio de zapatos que me llamó la atención por el diseño y el estilo del producto. Comencé a seguir la marca, pues quedé inmediatamente enamorada de los Gebana de Leiden Shoes. No los compré en ese momento y tampoco me compré zapatos en primavera ni en verano, quizás porque todos los demás me parecían sosos en comparación con esos zapatos tipo “balerinas sofisticadas”.

¿Qué tenían los Gebana en particular? Taco bajo (ideales para andar todo el día y trasladarme en mi bici urbana), un color muy sutil, cuero con textura, punta marcada y un diseño transversal que deja el empeine libre y cubre el arco. Los zapatos, ya puestos, tienen un interesante efecto espejo, como si fueran una mariposa.

Un lunes de marzo, en el medio de un sopor como no recordaba en mi vida, también en las redes sociales encontré un mensaje que parecía especialmente dirigido a mí: ¡quedaban las últimas Gebanas y estaban rebajadas! Sin dudarlo, me contacté con Leiden Shoes y esa misma tarde fui a buscar mis zapatos. Elegí un par de color habano  —ofrecían, además, la versión en negro— y casi salgo con ellos puestos.

Los estrené la mañana siguiente, a pesar del calor, y ese día y los sucesivos estuve admirando mis pies por la elegancia que otorgan. Son versátiles y por ello perfectos para faldas, vestidos, pantalones de todo tipo y jeans.

Los Gebana (nombre inspirado en La Habana) están confeccionados y forrados íntegramente en cuero nacional.  El taco es de madera y se llama “bizcocho” (diversas piezas pegadas una sobre la otra), la suela es antideslizante y la plantilla tiene un material similar a la goma eva para amortiguar el impacto y hacerlos más cómodos.

El zapato cuenta con dos partes: la puntera (triangular y muy “estilizante”) y el resto del pie, unidas por una costura doble. En la vira (contorno) la costura es simple y en el talón es doble. El interior de cada Gebana, forrado en suave cuero, está totalmente realizado en doble costura.

Detrás de los originales Gebana hay talento y un emprendimiento a cargo de dos mujeres que un buen día se la jugaron para vivir del diseño y de la venta de zapatos.

Leiden Shoes: zapatos con diseño pensados para mujeres multitarea

Ana Laura Pacillo (33) es licenciada en Negocios Internacionales y tiene un posgrado en Márketing y Romina Inverso (29) es técnica en Vestimenta. En 2013 se conocieron trabajando en la misma empresa en el rubro textil. Descubrieron intereses en común y un mismo espíritu emprendedor.

Romina ya diseñaba ropa y Ana Laura tenía “un montón de ideas sobre zapatos”. Esas ideas necesitaban “bajarse al diseño y hacerlas viables” y Romina parecía ser “la persona ideal”. “Nos juntamos y comenzó todo. Fuimos trabajando de a poco y Leiden, como empresa, surgió a inicios de 2016. ¡Dejamos nuestros trabajos y nos jugamos! Invertimos todos los ahorros, podíamos ganar o perder, pero sentíamos que ese era el momento. Al inicio fue como una ONG porque todo el dinero que ingresaba lo recapitalizábamos”, explica Ana Laura.

Las “chicas Leiden” se dedican a diseñar y vender zapatos, exclusivamente. Sus creaciones se caracterizan “por el diseño, la combinación de colores y la buena hechura”. Para ello, buscaron un taller propio y se asociaron con el tallerista. “Fuimos hacia atrás en la línea de producción, apostamos a quien hace el zapato. Buscamos a un excelente tallerista; Romina, con su experiencia, se encargó de ese tema y, además, ahora el trabaja en el taller. Y yo me encargo del área comercial”, comenta Ana Laura.

“Alto invierno” fue la primera colección que lanzaron el año pasado, exclusivamente con botines. “Quisimos evaluar la aceptación y tuvimos mucho éxito”, explican. De esa manera, comenzaron a crear un nombre en el mercado y para el avance del verano 2016 ofrecieron diez productos. Entre ellos, las Gebana, “que se caracterizan por la comodidad y elegancia”, según las autoras.

Los zapatos Leiden se encuentran en ferias de diseño (recientemente estuvieron en Máxima) y en el atelier de la marca. Las redes sociales, que ellas mismas gestionan, son su principal instrumento de difusión y venta (FBK, Instagram y Twitter). Sus diseños, para mujeres de 30 a 60 años, procuran brindar comodidad y estilo a “mujeres trabajadoras, con ideales, mujeres multitarea, que buscan zapatos cómodos para cualquier actividad”.

En poco tiempo, pero con muchísimas horas invertidas en el emprendimiento, Romina y Ana Laura ya cuentan con varias lecciones aprendidas. Entre tantas, destacan que “hay muchas mujeres que emprenden, pero que no tienen las herramientas para desarrollar el negocio que quieren. Hay miedos, falta de financiación y poca ayuda. Nosotras llegamos a donde estamos porque actuamos desde otro lugar, ayudamos todo el tiempo y propiciamos el compañerismo, y eso es recíproco”. Agregan que “se puede vivir del diseño y venta de zapatos” y enfatizan que “demanda un compromiso total y muchas horas de trabajo”. Su diferencial es escuchar a las clientas y para ello cuentan con las redes sociales y el atelier que “es un lugar ideal para conversar, charlar y atender personalizadamente”.

En la colección de invierno 2017 siguen los modelos de taco bajo, aunque innovaron con algunos altos y plataformas. Con sus zapatos y botines “de mujeres para mujeres” piensan afianzar el mercado montevideano y llegar al interior del país. “Creemos que hay potencial, necesitamos revendedores que sigan con nuestra línea de atención personalizada porque ese es uno de nuestros diferenciales”.

Del blog al taller. La experiencia de “La Vida la la la” para “construir la realidad en la que se quiere vivir”

Susana Castro Conti (43) es esposa, madre y docente de Comunicación Visual, y es la responsable del Taller (de crochet y otras artesanías) La Vida la la la. Susana es muy cordial, expresiva y se muestra naturalmente dispuesta a mostrar lo que hace. Su inclinación por la docencia se hace evidente en el tono de su voz y en la forma de encarar los temas. Además, en la manera generosa de contar sus vivencias como emprendedora.

Su experiencia comenzó con un blog que se transformó en un taller. El lugar físico en el que se desarrollan las instancias creativas (el taller físico) está muy cuidado porque el entorno debe favorecer el proceso de enseñanza-aprendizaje. La modalidad de taller permite intervenciones que Susana considera fundamentales para el proceso creativo, por ello “el lugar debe generar ganas de estar para predisponer al aprendizaje y fomentar la creatividad”.

El taller, amplio y con ventana a la calle, es un lugar que invita. Es un espacio en el que prevalece el color y el orden, a pesar de la gran cantidad de materiales. Hay latas y latitas, cajas de todos los tamaños y baldes pequeños que albergan lápices, pinceles, fibras. Hay muchos cajones, algunos grandes y otros chiquitos. Hay armonía y diversas texturas. Hay elementos que invitan a trabajar con las manos y artesanías que invitan a mirar o usar. Entre tanto color, prevalece el anaranjado y el rosa con algunos tonos de fucsia y violeta.

La preocupación estética del emprendimiento también se evidencia en las redes sociales. El contenido de las publicaciones de “La Vida la la la” en Faebook e Instagram es variado y, además, generan un boletín de noticias cuando tienen un taller para ofrecer. Se muestra un trabajo arduo y constante, y un afán por sostener el interés del público.

Una instancia para la creatividad personal

Susana se presenta como profesora de Comunicación Visual y también como emprendedora, aunque lo expresa con timidez y parece que debe justificarlo con una sonrisa, como si todavía no se convenciera de su iniciativa. “Mi trabajo formal como profesora de Dibujo, y de Educación Visual y Plástica es en Secundaria (pública y privada). Toda la vida me gustaron las manualidades, me gusta coser, tejer, bordar, y  me pasó algo que es habitual en la docencia: mi espacio creativo personal se fue relegando porque los tiempos no dan….

A partir de una capacitación específica en relación con las TIC (Tecnologías para la Información y la Comunicación), Susana se enganchó en un foro español de decoración de interiores, un tema vinculado a su veta creativa. “Muchos de los miembros del foro tenían blogs, descubrí ese mundo y me entusiasmé. Los blogs abren puertas que abren otras puertas, así que de la decoración de interiores llegué a blogs de artesanías. Y de España salté a Argentina. Me entusiasmé tanto que comencé a armar un blog; empecé a hacerme un espacio para mí, el tiempo creativo que estaba abandonado. Ese fue el primer sentido del blog La Vida la la la.

El nombre del blog, que canta a la vida, es una expresión comodín de su familia. “Es una frase que dice todo y nada, que tiene música y que destaca la unión de vida y del canto, de la vida y del disfrute. Es algo divagada, pero me gustó y me sigue gustando”.

Entre los miembros de un foro (personas con un fuerte interés en común) suelen generarse vínculos fraternos y Susana no fue ajena a esa realidad. En las conversaciones digitales —dice que en ciertas charlas hasta se trataban temas muy íntimos— surgió la necesidad y el empuje para pasar del blog a la acción. Hubo quienes se dedicaron a vender sus artesanías, quienes emprendieron en grupo y quienes se enfocamos a enseñar. Del blog, entonces, surgió el taller “La Vida la la la” para unir la docencia y un espacio de creatividad.

Un espacio para crear con las manos

Los primeros talleres que Susana ofreció, hace cuatro años, fueron de crochet. “El crochet es muy sencillo, yo veía, de niña, a mis abuelas hacer crochet y en particular lo aprendí con mi suegra. Ella me enseñó la técnica básica y descubrí que, a partir de lo básico, se puede hacer mucho”.

Susana agrega, insistentemente, que no es necesario de “tener mano”. En su taller para principiantes llegan personas “que no saben nada y se van con algo hecho por ellos”. “Lo más básico es el punto bajo que permite mucho más, porque el crochet se basa en combinaciones de ese punto. Es cierto que requiere algo de pensamiento geométrico y quizás algunas personas, las que tienen inteligencia espacial, se sentirán más cómodas con la técnica. Pero quienes no tengan esa habilidad, también pueden aprender”.

La propuesta de talleres de “La Vida la la la” es de aprendizaje y experiencia compartida. Susana trabaja en la creación de “un espacio para pasarla bien, para crear con las manos”. Asisten, mayormente, mujeres entre 20 y 60 años y, en general, cuando van adolescentes lo hacen en compañía de sus mamás, “para pasar un tiempo juntas”.

Del crochet para principiantes —que es el primer escalón— se puede continuar con talleres más avanzados. En 2016, se realizaron varios: uno de mandalas, otro de amigurumis y uno de granny squares (los cuadrados de abuela).  

Además del crochet, en “La Vida la la la” se ofrecen diversas instancias creativas porque Susana comparte el taller con otros artesanos. Esas instancias (sobre bordado, encuadernación, fieltro húmedo y papel reciclado) le permiten, además, participar como asistente para aprender y enriquecer su veta creativa.

Emprender es aprender

Gestionar el taller y que funcione implica mucha dedicación, significa tiempo de trabajo, además del que demandan las clases y la vida (del hogar y en general). Para que el taller sea viable hay que alimentar las redes sociales y generar boletines informativos. “Mi esposo me ayuda porque es mucho trabajo. Requiere dedicación, esfuerzo y mantenimiento. Todo fue surgiendo y tuve que aprender sobre la marcha. No solo he tenido que aprender y mejorar las técnicas que enseño, sino que debo estar al día con otras cuestiones. Por eso aprendí a manejar Facebook e Instagram, por ejemplo. Me inclino por las redes que me gustan más o las que me son más fáciles, el blog primero e Instagram ahora. Pero también tengo que hacer otras, porque Facebook, por ejemplo, tiene gran alcance y muchas repercusiones”.

El taller de Susana es parte de su casa, porque “en definitiva, es un emprendimiento familiar, mi esposo se encarga de la gestión de la base de datos para la newsletter y mis hijos me ayudan los días de taller. El emprendimiento tiene un involucramiento familiar. Así se dio porque emprender implica vivir de una forma coherente con los sueños”.

Susana agrega que emprender significa animarse a seguir a pesar de las dificultades y que el desafío es sobreponerse a los problemas y continuar. También implica estar atento a las oportunidades, generar espacios, manejar los intereses y lidiar con el manejo de los tiempos (¡todo un tema, según ella misma confiesa!). Cuando Susana pasó de los sueños a la acción, tenía mucho miedo. “Pensaba ¿qué pasa si no viene nadie? Y me decía: ¡nada! Habrá que ofrecer un nuevo taller”.

Su recomendación, como emprendedora, es que “hay que aprender a bancarse la frustración. Hay que aprender a tolerar los errores porque si realmente se quiere algo, hay que meterle para sobreponerse a `los a pesar de´”.

Taller La Vida la la la

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Qué se ofrece: “Técnicas y experiencias, un tiempo para cada uno. Un tiempo para tomar té, café y crear, para sentir la gratificación de transformar algo.

Días de taller: sábados de tarde.

Técnicas: crochet y bordado, fundamentalmente. En estos años han realizado talleres de encuadernación, fieltro húmedo y papel reciclado. Y a futuro mucho más: origami, caligrafía bordada y confección de prendas básicas.

Para: quienes gustan de las manualidades, valoran los oficios y quieren experimentar la satisfacción de crear.

La mensajería instantánea en el ámbito laboral. Reflexiones en torno al buen uso

Los servicios de mensajería instantánea (MI, en adelante) aterrizaron con fuerza en los diversos ámbitos de nuestra vida y, por su practicidad, se impusieron con rapidez. El mundo del trabajo no fue ajeno a la situación y, en muchos casos, los trabajadores comenzaron a usarlos desde sus teléfonos personales para el intercambio de datos e información con fines laborales.

 

La mayoría de las organizaciones —salvo las vinculadas al sector tecnológico— reacciona tardíamente ante las prácticas de tecnología digital y comunicación, y el uso de la mensajería instantánea ha respondido con la misma lógica. Por ello, las normas de buen uso y etiqueta en relación con estos servicios quedan, en principio, libradas al criterio de cada empleado.

 

Normalizar prácticas es una tarea tediosa e implica un verdadero trabajo “de hormiga”. Además, los recursos tecnológicos cambian, se renuevan con frenesí y las reglas, muchas veces, se tornan vetustas con rapidez. Aún así, vale la pena intentar una reflexión acerca de la mensajería instantánea en el ámbito laboral para generar un estilo que propicie una comunicación con aspectos profesionales.

 

La identificación. En los servicios de MI la foto es la identificación de la persona, además del número (que es un dato frío y que no aporta información sobre el usuario). Es conveniente que la imagen sea del emisor, puesto que es muy difícil (imposible, a veces) reconocerlo a través de la foto de una mascota, de un paisaje, de un grupo familiar o de amigos.

 

También se sugiere, cuando se usa el teléfono con fines laborales, evitar el descuidado estilo “fantasma” o la foto inapropiada. Y conviene adecuar el “estado” con un mensaje coherente porque esta información aparece en cada envío. El emisor se expone al brindar información de sí mismo con texto elegido para el “estado” y la foto que escogió para identificarlo.

 

Las abreviaturas, acortamientos y emoticones. Escribir bien como regla fundamental. En los mensajes de MI suelen abundar las abreviaturas y acortamientos, algunas son útiles (aprox por aproximadamente, por ejemplo y otras son innecesarios e indeseables (pa’ por para, k por que y un largo etcétera).

 

Por otra parte, ¿los emoticonos y emojis son tan necesarios? Parece que para muchos la comunicación a través de los servicios de MI no pudiese realizarse sin agregados de abundantes colores y hasta con movimiento… Quizás uno y hasta dos, ¿pero diez seguidos? Pensemos en sus beneficios (ahorran tiempo y facilitan la expresión de sentimientos y emociones) y, en ese marco, un uso consciente es conveniente para incorporar sensibilidad al entorno laboral.

 

Escribir bien es difícil, es cierto, por ello es bueno ajustarse a la fórmula “sujeto + verbo + complemento”. Los servicios de mensajería instantánea, a pesar del paradigma de la instantaneidad bajo los que fueron creados, no escapan al bueno uso de la lengua. Se recomienda, entonces, como en todos los otros tipos de textos, escribir bien y con apego a las normas de la lengua.

 

La regla de los 140 caracteres. Twitter nos legó la regla de los 140 caracteres que nos obliga a ser muy (¡muy!) escuetos y creativos. No siempre es posible seguirla, pero es una interesante práctica. Como los servicios de MI no cuentan las palabras, la norma es solo una referencia para ser conciso. Y es bueno escaparse de ella, si implica escribir mal o si el mensaje amerita un desarrollo más exhaustivo.

 

Etiquetas/Hashtags. Algunos servicios de MI —Telegram, por ejemplo— permiten el uso de etiquetas (hashtags) que son mecanismos útiles para agrupar información. Hasta el momento, WhatsApp no lo tiene y esperamos que próximamente lo incorpore para facilitar la búsqueda de datos.

 

Mensajes compartidos a más de una persona. Muchas veces se envía una misma información a más de un usuario en comunicaciones persona a persona. En esos casos (en los que no existe un grupo), es ético indicar que el mensaje se compartió con otros.

 

Los errores de texto ya enviados. En ciertos ámbitos se ha impuesto el uso del asterisco para indicar un error enviado (fundamentalmente en relación con faltas de ortografía). Esta práctica demanda un mensaje que se suma al inicial y no siempre aporta, salvo que el error ortográfico genere dudas de interpretación.

 

Verificar datos para evitar “bulos”. ¡Las cadenas de los servicios de mensajería instantánea son la versión renovada de las cadenas de los correos electrónicos! Circulan con una velocidad inaudita y han generado alarma ante catástrofes, enfermedades o fallecimiento de personas famosas. Hay cadenas de todo tipo: políticas, religiosas, de cobro de servicios, etc., y muchas de ellas son “bulos” o hoax (noticias falsas que se generan para desinformar).  Siempre es conveniente verificar la fuente o al menos tomarse un rato antes de distribuir mensajes de esa naturaleza (el tiempo suele ser buen consejero).

 

Grupos. Respetar la finalidad. Casi con seguridad, respetar la finalidad para la que fue creado el grupo debe de ser uno de los aspectos más sensibles y más “bastardeados”. ¡Y es tan sencillo! Si el grupo fue creado para facilitar una tarea, los mensajes que circulan deben aportar a esa tarea. O a lo sumo, brindar información de alguno de los miembros, siempre que los datos sean relevantes y no comprometan aspectos personales.

 

Grupos. Ortografía y sintaxis. En los grupos y en especial los de carácter laboral, hay que extremar cuidados en relación con la ortografía y la sintaxis. Escribir bien facilita la comunicación y minimiza errores. WhatsApp, Telegram y otros no están peleados con las mayúsculas y los signos de puntuación, así que hay que usarlos sin temor. La instantaneidad de estos servicios no implica tener que hacer un curso para decodificar mensajes cifrados.

 

Grupos. Cadenas y “bulos”. En los grupos, hay que extremar cuidado ante cadenas y “bulos”, puesto que entorpecen la comunicación, salvo que estén alineados a la finalidad para la que fue creado ese chat.

 

Grupos. Temas sensibles y temas privados. Los temas sensibles (religión, política, deporte, etc.) y los privados no son, generalmente, apropiados para divulgar en los grupos. Suelen generar malestar y huidas; hay otros medios más indicados para expresar ideas de ese tipo o comunicar hechos que hacen a la intimidad de las personas.

 

Zafiro Vocal: un coro desestructurado y riguroso el “que se deja el cuerpo en cada ensayo”

Según parece, en Uruguay la actividad coral es intensaHay coros nacidos en instituciones educativas, asociaciones profesionales, organizaciones sociales, culturales y en clubes sociales y deportivos. Hay coros para niños, adolescentes y para la tercera edad, femeninos masculinos y mixtos, los hay gratuitos y otros en los que hay que pagar. Algunos reúnen a personas que simplemente quieren cantar y para participar de otros, sin embargo, hay que “tener voz”.

Hay grupos vocales para todos los gustos y para elegir el indicado solo hay que indagar las características del coro en función de los intereses y necesidades del coreuta. En esa oferta tan amplia, de organizaciones de todo tipo, hay uno con cierta particularidad: Zafiro Vocal. Este grupo nació en un gimnasio, no se trata de un club social y deportivo de esos que se visualizan de lejos por su infraestructura, sino de un gimnasio de barrio.

“Mi vida era muy estructurada, estudié secretariado y trabajé como secretaria durante quince años”, dice Roxana López Buongiorno (45 años, directora). “Un buen día decidí cambiar todo: ese mismo año me divorcié, dejé el trabajo y puse el gimnasio, que siempre había sido un sueño”. Así, en 2007, nació Zafiro Centro de Bienestar (Francisco Solano López esq. Dalmiro Costa, Buceo) que es más que un gimnasio, es un lugar “que ofrece bienestar” según las últimas tendencias en gimnasia y en el que hay clases hombres y mujeres, desde niños a adultos. La propuesta de Zafiro incluye fitness en general: pilates, zumba, body pump, power jump, entrenamiento funcional y clases tradicionales (glúteos, abdominales y piernas, y aerolocal) y sala de aparatos (aeróbicos y fierros clásicos). “Tenemos de todo [e incluso hemos llevado adelante] recuperaciones de operaciones, por ejemplo. Y ahora se agregó el coro porque amo el ejercicio en toda su dimensión: el ejercicio físico en el gimnasio y el musical en el coro”.

El grupo vocal surgió porque Roxana dice que toda su vida ha estado signada por la música

El grupo vocal surgió porque Roxana dice que toda su vida ha estado signada por la música y aclara, enfáticamente, que en el gimnasio se trabaja con música. “Está todo conectado, en el fitness hay música, por ejemplo. El profe de fitness dedica toda la primera clase (…) al tiempo musical, al ritmo, a la cadencia, a la interpretación musical. [En cada clase hay] veinte almas que vienen a descargar, vienen para que las trates bien, para encontrar la alegría de vivir y nosotros, los profesores, hacemos teatro, hacemos actuación. [A través de] la música y del movimiento transmitimos emoción, alegría, fuerza”.

La idea del coro, concretamente, nació a partir de un hecho casual. “Hace un año y medio, en una salida nocturna conocí a Wilmer Márquez (38 años), profesor de Música, quien actualmente es el director del coro. [En aquel momento] yo pensaba tomar clases de canto, era un desafío personal que estaba dormido en mi interior. Cuando comenzamos a conversar y supe que Wilmer era profesor de Música le pregunté si podía darme clases. Él no estaba dando clases particulares en ese momento, pero se animó”. Wilmer afirma que accedió porque se trataba de una mujer decidida, que quería cantar y que, como desafío, se planteó “comenzar a formar su voz, al igual que Roxana forma cuerpos en las clases que da en el gimnasio”.

“A la semana [de aquel encuentro], estaba tomando clases de canto con Wilmer los lunes durante dos horas. Al mes sentía ganas de algo más y le propuse crear un coro”, dice Roxana. Wilmer le respondió que no y Roxana insistió. Hoy el director del coro agrega que la iniciativa no le cerraba porque “mi proyecto coral es Vibra, un grupo que llevo adelante en el liceo público en el que trabajo, y sinceramente no veía posible trasladar ese trabajo a la propuesta de Roxana”.

Con un cartel en la recepción del gimnasio y su entusiasmo, un sábado de setiembre de 2015 comenzaron los ensayos. Eran todas mujeres con ganas de cantar, nada más

Roxana buscaba, en realidad, ampliar la dinámica de integración cultural de Zafiro Centro de Bienestar y el coro era una buena estrategia. Finalmente, eso convenció a Wilmer. Entonces, el profesor y futuro director de Zafiro Vocal, exigió diez voces, al menos. Y Roxana consiguió catorce en menos de una semana. Con un cartel en la recepción del gimnasio y su entusiasmo, un sábado de setiembre de 2015 comenzaron los ensayos. Eran todas mujeres con ganas de cantar, nada más.

A partir de ese momento, ensayan todos los sábados de 16 a 19 h en el gimnasio. “Yo lo tomé con rigurosidad artística porque así me gusta hacerlo”, explica Wilmer. “En el primer ensayo [indagué acerca] de los intereses y encontré que no había inquietudes ni experiencias artísticas, sino un interés colectivo en formar parte de un espacio para sentirse bien”. Roxana cuenta que en ese testeo algunas respuestas fueron inquietantes. Una chica dijo que buscaba “un espacio para ser feliz”; esa aseveración fue una de las tantas muestras de que el proyecto del coro se transformaría en una instancia para vibrar con la música en el marco de un centro en el que se manifiesta el cuerpo.

Las canciones y los arreglos musicales son, como dice Roxana, “obra de Wilmer”. “Tenemos un año y tres meses de vida, así que el repertorio es acotado” (1). Wilmer elige el repertorio en función de sus gustos, aclara que “tienen que ser temas que me partan la cabeza, esas canciones con las que deliro desde la idea”. Para Roxana, cada canción tiene un contenido emocional, tanto es así que la primera vez que cantaron De nada sirve (No Te Va Gustar) todas lloraron porque el tema hacía “referencia a la historia de vida de una de las participantes”.

El repertorio de Zafiro Vocal incluye “canciones para vibrar desde adentro”

El repertorio de Zafiro Vocal incluye “canciones para vibrar desde adentro”, como dice Roxana. “Cantamos De nada sirve de No Te Va gustar; Duende del Sur de Chambao; Spaguetti del rock de Divididos; Sud Africa Canción de Ruben Rada; Por las ruas, por las calles y El Círculo de Kevin Johansen; Para la vieja Isla de Flores de Alberto Wolf; Esa noche y La Soledad de Café Tacuba y Sirinoque de Abuelos de la Nada”.

En diciembre de 2015, con tres meses de vida y mucho arrojo, Zafiro Vocal cantó en público por primera vez invitado por el Coro Brisas. Con muchos nervios y altas expectativas, salieron al ruedo y mostraron su trabajo. No pensaban hacerlo inicialmente, porque el coro pretendía solo ejercitar sus voces y alimentar el alma, pero la invitación las tentó. La energía generada fue vital para animarse a más y en 2016 tuvieron una vida muy pública con una agenda de presentaciones muy poblada desde octubre a diciembre. “Comenzamos a ser parte de una dinámica de conciertos, invitaciones, comenzaron a abrirse puertas. El coro está sonando bien, pero lo que más valoro es el grupo humano. Nos conectamos y se genera una energía intensa que nos retroalimenta”, dice Roxana.

Para finalizar 2016, el grupo se animó a organizar el primer encuentro en su casa, en el gimnasio. La actividad se realizó el sábado 17 de diciembre. “Trabajamos arduamente para el primer encuentro; nos dio muchísimo trabajo porque teníamos que afrontar todos los costos. Hicimos rifas y una margarita como las de las kermés para [recaudar dinero] y también un remate al final de la actuación. Tuvimos que transformar el gimnasio en un teatro y lo logramos, para el festival de coro creamos el Teatro Zafiro con tarimas para recibir a 30 personas arriba del escenario. Además alquilamos sillas y el audio que es realmente importante [e incluso] hicimos hasta los regalos para los coreutas y los directores”.

Ese sábado se generó “algo realmente hermoso con un equipo comprometido y un profesor muy profesional que nos exige mucho, pero que hace relucir nuestro trabajo”, agrega Roxana. Al respecto, Wilmer aclara que está orgulloso del grupo pues ha podido “entrenar las voces que se han pulido superlativamente. El coro ensaya fuerte, la dinámica de ensayo es de alto rendimiento, pero también se prioriza el buen clima y el trabajo artístico con alegría, y eso da buenos resultados”.

“Comenzamos con miedo y perfil bajo, ahora mantenemos ese perfil bajo, pero lo hacemos con la seguridad del amor por lo que hacemos”

En resumen, dice Roxana, “comenzamos con miedo y perfil bajo, ahora mantenemos ese perfil bajo, pero lo hacemos con la seguridad del amor por lo que hacemos y con la seguridad de que nos está saliendo bien. Nuestro trabajo es humilde, sencillo, pero muy carismático. Hemos buscado un estilo desestructurado en nuestros atuendos con una camisa de jean abierta al estilo rockero. Somos desestructuradas, pero muy rigurosas con los ensayos porque dejamos el cuerpo cada sábado y también en las presentaciones con público”. “El coro ha significado alegría, orgullo, gratificación y crecimiento personal. Me gustaría ampliar el gimnasio, explorar la veta cultural con otras propuestas que también hacen bien”, agrega la directora de Zafiro Centro de Bienestar. “Soy feliz viendo a la gente motivada. También con la unión que se ha generado en torno a la música. Se despiertan sonrisas y llantos, además de una conexión fraterna muy profunda”.

(1) Entrevista realizada en diciembre 2016

Sugerir libros, reinvidicar el oficio

 

En la primavera de 2016, una librería con nombre literario irrumpió en la vida montevideana…

En la primavera de 2016, una librería con nombre literario irrumpió en la vida montevideana y desplegó en su ancha vidriera —en el cruce de las Avdas. Rivera y Soca (Pocitos)—, sugerencias que se diferencian de la oferta habitual. Además, en las redes sociales, el nombre, con la impronta de un centro cultural, comenzó a sonar con talleres y encuentros de diversas temáticas.

Las Karamazov” es un lugar pet friendly en el que venden café y té de buena calidad y lo sirven en tazas de cerámica artesanal (Taller Gallina, Colonia del Sacramento), especialmente elegidas. Tienen un piano abierto en el que una tarde tocó Luciano Supervielle y llevaron adelante un ciclo de cine mudo, musicalizado con ese piano, con la participación de veteranos, jóvenes y hasta niños. Se sumaron a Museos en la Noche y despidieron el año con canciones hiperacústicas. Así de originales son.

Detrás de la librería “Las Karamazov” hay dos mujeres jóvenes, ambas formadas en Letras. Mariana Álvarez (33) y Martina Seré (27) saben del oficio y conocen los vericuetos de las librerías porque tienen experiencia en el rubro. Trabajaron juntas durante un buen tiempo, se hicieron amigas, se complementan muy bien, y haber concretado la apertura de la librería les permite “conjugar trabajo con placer”.

Con los ahorros de mucho tiempo y un estilo de vida austero, juntaron el dinero para alquilar, armar la colección y amueblar. En remates y en Mercado Libre consiguieron mesas, estanterías, y sillones, una lámpara y alfombras para ambientar un living. La mesa que se destaca, en un conjunto armónico y colorido, es un banco de carpintero. Es una mesa con presencia, fuerte y sólida, como los libros que sostiene.

El fondo de “Las Karamazov” está pensado con rigor y amor, y cada libro es elegido por sus cualidades literarias

Conocer el ambiente de las librerías permitió a Martina y Mariana iniciar un aceitado vínculo comercial con las distribuidoras y las editoriales. Con un proyecto minucioso y tan analítico como les fue posible, seleccionaron los libros cuidadosamente. Sabían que el material es esencial porque “no se trata de acumular lo que todas tienen o caer [exclusivamente] en la novedad, pero tampoco se trata de ser elitista”. El fondo de “Las Karamazov” está pensado con rigor y amor, y cada libro es elegido por sus cualidades literarias.

El nombre de la librería es un guiño literario (Los hermanos Karamazov del ruso Fiódor Dostoyevski) con una licencia de género y surge de una historia en común, porque en más de una ocasión, trabajando juntas, les preguntaron si eran hermanas. Tenían la convicción de que el nombre de su librería debía tener referencias literarias, querían que no fuera rebuscado ni esnob y a ambas les gusta la literatura rusa en general y Dostoyevksi en particular. Así llegaron a “Las Karamazov”, hermanadas por una pasión en común y con el anhelo de que el proyecto funcionaría. Aclaran que mucha gente decodifica el parpadeo, aunque también les gusta explicar las razones de la elección, ante quienes no conocen la obra rusa.

“No se trata de despachar, sino de sugerir, orientar, recomendar y escuchar a otros lectores”

Su objetivo fue, desde el momento de pensar el proyecto, ser una librería para lectores que buscan una recomendación y que también están abiertos a sugerir. Orientar, desde su pasión como lectoras, es el diferencial de “Las Karamazov” porque “la diferencia del librero se basa en si es o no es lector. No se trata de despachar, sino de sugerir, orientar, recomendar y escuchar a otros lectores”.

Armaron y mantienen las mesas con recomendaciones basadas en su formación y como lectoras, fundamentalmente, porque insisten en que “la función del librero es recomendar y orientar”. A Mariana le gusta, entre otros autores, Hebe Uhart (Argentina), John Cheever (EEUU), Jorge Luis Borges y Juan José Saer (Argentina). Martina se inclina por la literatura infantil, los libros ilustrados y se especializó en novela gráfica alternativa.

En estos meses, las libreras han notado que el público que se acerca es muy diverso; los visitantes consultan por las sugerencias (jugadas, en algunos casos) que muestran en la vidriera o las que resaltan en las mesas. El intercambio que se genera es recíproco, pues Martina y Mariana se nutren de comentarios y consejos de otros lectores. También se “alimentan” de reseñas y críticas —La Diaria, Babelia y Eñe, entre otros—, pues la formación continua es clave.

Una librería concebida como un punto de encuentro cultural

Los talleres que han llevado a cabo desde la apertura son un eje fundamental en la concepción de la librería. “Las Karamazov fue pensada como algo más que un lugar para vender libros, fue concebida como un punto de encuentro, como un espacio cultural”. Al igual que un aleph que condensa diferentes lenguajes, en la librería también hay café, té, un piano abierto y un club de lectura.

“Las Karamazov” es una propuesta joven y, por lo tanto, es muy pronto para evaluar, aunque sí es momento para proyectar. “Esto recién comienza, acaba de concretarse.  Se puede vivir del oficio y mantener el espíritu de calidad [en función] de los talleres, la elección del material y nuestra presencia para recomendar”.

La librería tiene un horario amplio, un par de sillones que son una buena excusa para a bajar el ritmo y las mesas invitan con libros bien dispuestos. Además, la propuesta de encuentros y talleres es amplia y también tentadora. “Las Karamazov” no es una librería más, sin lugar a dudas.

Adelantos del ciclo de talleres 2017

El año comenzó con un ciclo de Encuadernación artesanal a cargo de Gervasio Monchietti. Para el Día Internacional de la Mujer prepararon un encuentro especial con lecturas, música y la creación de un fanzine. Próximamente habrá una Clínica de guion con Daniela Speranza, un taller de Aproximación a la escritura con Fabián Severo y repetirán “un éxito del año pasado”: Ilustración emocional a cargo de Flor de Jopo. Habrá también un taller de tango oriental para conocer a los representantes uruguayos en el tango.

El Club de lectura de “Las Karamazov”

Los socios pagan una matrícula ($ 500) y una cuota mensual ($ 300) y pueden llevarse la cantidad de libros que quieran por mes, salvo que pueden retirar solo dos en cada ocasión. El club tiene una colección propia, diferente a la de la librería, que se nutre de las sugerencias de los miembros.