La mensajería instantánea en el ámbito laboral. Reflexiones en torno al buen uso

Los servicios de mensajería instantánea (MI, en adelante) aterrizaron con fuerza en los diversos ámbitos de nuestra vida y, por su practicidad, se impusieron con rapidez. El mundo del trabajo no fue ajeno a la situación y, en muchos casos, los trabajadores comenzaron a usarlos desde sus teléfonos personales para el intercambio de datos e información con fines laborales.

 

La mayoría de las organizaciones —salvo las vinculadas al sector tecnológico— reacciona tardíamente ante las prácticas de tecnología digital y comunicación, y el uso de la mensajería instantánea ha respondido con la misma lógica. Por ello, las normas de buen uso y etiqueta en relación con estos servicios quedan, en principio, libradas al criterio de cada empleado.

 

Normalizar prácticas es una tarea tediosa e implica un verdadero trabajo “de hormiga”. Además, los recursos tecnológicos cambian, se renuevan con frenesí y las reglas, muchas veces, se tornan vetustas con rapidez. Aún así, vale la pena intentar una reflexión acerca de la mensajería instantánea en el ámbito laboral para generar un estilo que propicie una comunicación con aspectos profesionales.

 

La identificación. En los servicios de MI la foto es la identificación de la persona, además del número (que es un dato frío y que no aporta información sobre el usuario). Es conveniente que la imagen sea del emisor, puesto que es muy difícil (imposible, a veces) reconocerlo a través de la foto de una mascota, de un paisaje, de un grupo familiar o de amigos.

 

También se sugiere, cuando se usa el teléfono con fines laborales, evitar el descuidado estilo “fantasma” o la foto inapropiada. Y conviene adecuar el “estado” con un mensaje coherente porque esta información aparece en cada envío. El emisor se expone al brindar información de sí mismo con texto elegido para el “estado” y la foto que escogió para identificarlo.

 

Las abreviaturas, acortamientos y emoticones. Escribir bien como regla fundamental. En los mensajes de MI suelen abundar las abreviaturas y acortamientos, algunas son útiles (aprox por aproximadamente, por ejemplo y otras son innecesarios e indeseables (pa’ por para, k por que y un largo etcétera).

 

Por otra parte, ¿los emoticonos y emojis son tan necesarios? Parece que para muchos la comunicación a través de los servicios de MI no pudiese realizarse sin agregados de abundantes colores y hasta con movimiento… Quizás uno y hasta dos, ¿pero diez seguidos? Pensemos en sus beneficios (ahorran tiempo y facilitan la expresión de sentimientos y emociones) y, en ese marco, un uso consciente es conveniente para incorporar sensibilidad al entorno laboral.

 

Escribir bien es difícil, es cierto, por ello es bueno ajustarse a la fórmula “sujeto + verbo + complemento”. Los servicios de mensajería instantánea, a pesar del paradigma de la instantaneidad bajo los que fueron creados, no escapan al bueno uso de la lengua. Se recomienda, entonces, como en todos los otros tipos de textos, escribir bien y con apego a las normas de la lengua.

 

La regla de los 140 caracteres. Twitter nos legó la regla de los 140 caracteres que nos obliga a ser muy (¡muy!) escuetos y creativos. No siempre es posible seguirla, pero es una interesante práctica. Como los servicios de MI no cuentan las palabras, la norma es solo una referencia para ser conciso. Y es bueno escaparse de ella, si implica escribir mal o si el mensaje amerita un desarrollo más exhaustivo.

 

Etiquetas/Hashtags. Algunos servicios de MI —Telegram, por ejemplo— permiten el uso de etiquetas (hashtags) que son mecanismos útiles para agrupar información. Hasta el momento, WhatsApp no lo tiene y esperamos que próximamente lo incorpore para facilitar la búsqueda de datos.

 

Mensajes compartidos a más de una persona. Muchas veces se envía una misma información a más de un usuario en comunicaciones persona a persona. En esos casos (en los que no existe un grupo), es ético indicar que el mensaje se compartió con otros.

 

Los errores de texto ya enviados. En ciertos ámbitos se ha impuesto el uso del asterisco para indicar un error enviado (fundamentalmente en relación con faltas de ortografía). Esta práctica demanda un mensaje que se suma al inicial y no siempre aporta, salvo que el error ortográfico genere dudas de interpretación.

 

Verificar datos para evitar “bulos”. ¡Las cadenas de los servicios de mensajería instantánea son la versión renovada de las cadenas de los correos electrónicos! Circulan con una velocidad inaudita y han generado alarma ante catástrofes, enfermedades o fallecimiento de personas famosas. Hay cadenas de todo tipo: políticas, religiosas, de cobro de servicios, etc., y muchas de ellas son “bulos” o hoax (noticias falsas que se generan para desinformar).  Siempre es conveniente verificar la fuente o al menos tomarse un rato antes de distribuir mensajes de esa naturaleza (el tiempo suele ser buen consejero).

 

Grupos. Respetar la finalidad. Casi con seguridad, respetar la finalidad para la que fue creado el grupo debe de ser uno de los aspectos más sensibles y más “bastardeados”. ¡Y es tan sencillo! Si el grupo fue creado para facilitar una tarea, los mensajes que circulan deben aportar a esa tarea. O a lo sumo, brindar información de alguno de los miembros, siempre que los datos sean relevantes y no comprometan aspectos personales.

 

Grupos. Ortografía y sintaxis. En los grupos y en especial los de carácter laboral, hay que extremar cuidados en relación con la ortografía y la sintaxis. Escribir bien facilita la comunicación y minimiza errores. WhatsApp, Telegram y otros no están peleados con las mayúsculas y los signos de puntuación, así que hay que usarlos sin temor. La instantaneidad de estos servicios no implica tener que hacer un curso para decodificar mensajes cifrados.

 

Grupos. Cadenas y “bulos”. En los grupos, hay que extremar cuidado ante cadenas y “bulos”, puesto que entorpecen la comunicación, salvo que estén alineados a la finalidad para la que fue creado ese chat.

 

Grupos. Temas sensibles y temas privados. Los temas sensibles (religión, política, deporte, etc.) y los privados no son, generalmente, apropiados para divulgar en los grupos. Suelen generar malestar y huidas; hay otros medios más indicados para expresar ideas de ese tipo o comunicar hechos que hacen a la intimidad de las personas.

 

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