La alta costura, el sentido de su vida, estaba fuera de la zona de comodidad. Se animó a buscarlo y lo encontró

La historia de Jonh Almedia

“Vestido para la ocasión”

Quedamos en reunirnos un sábado de tarde y me invitó a su casa. Fue generoso al abrir las puertas de su espacio íntimo (su hogar y atelier). Además, “se vistió para la ocasión”: me esperó con música electrónica, un living impecable, café, té y chocolate de Bolivia ―muy fino, con alto porcentaje de cacao― en una mesa muy pulcra.

Cuando mencioné los detalles, me confesó que siempre se prepara para recibir a las clientas porque trabaja tan cómodo como puede. Las posturas del mundo de la costura son extenuantes: se arrodilla para cortar y cuando modela lo hace sobre el maniquí. Se sienta en el piso al bordar, por ejemplo, y para estar más cómodo usa pantuflas o “crocs”. Por eso, cuando recibe, cambia de atuendo, muta y se “viste para la ocasión”.

Charlamos sobre diversos temas del mundo de la costura, acerca de sus inicios, las limitaciones del oficio y también sobre sus sueños. Me contó algunas anécdotas de la niñez y cómo se las ingeniaba para consumir novedades del mundo de la alta costura en Melo, una ciudad del interior sin muchas referencias sobre el tema.

La niñez y la búsqueda del oficio

Jonh nació en Melo, tiene 33 años. Cuando le pregunté por su niñez y su familia inmediatamente mencionó que su abuela era modista y aclaró que se dedicaba al bordado, casi en exclusividad. Lo hacía a mano, pero debió incorporar la máquina (una Singer a pedal) pues tuvo una afección en la vista. Luego de esos detalles, tan íntimos y que destacan la figura de su abuela, agregó que su mamá también aprendió el oficio de la costura.

De niño quería enseñar como sus maestros de la escuela, quería ser veterinario porque le gustaban los animales y arquitecto porque le gustaba dibujar. Elegía las profesiones más convencionales y las más cercanas. Pero recuerda un detalle: en la escuela diseñaba vestidos y faldas para sus compañeras, había creado un patrón con una flor roja y amarilla que había en el patio. Después relegó esa idea porque “el interior es muy restringido y mis padres querían que estudiara una carrera convencional, tradicional”. Agregó que en la adolescencia decía que quería dedicarse a la alta costura y su madre le respondía que no estaba mal, pero le preocupaba el campo laboral, la proyección, su futuro. Los peros eran muchos…

En Melo —un ámbito algo “pueblerino”— tenía escasas referencias del mundo de la alta costura. Una vecina le prestaba algunas revistas: la Telva española, la Posdata y la Look. Jonh dice que cada vez que podía “miraba las revistas algo así como unas treinta y cinco veces, ¡para adelante y para atrás!”. Finalmente lograba fijar cada modelo y cada traje en su memoria; le prestaba especial atención a los detalles, su inquietud era saber cómo se hacían esos vestidos. Su abuela le explicaba algunas técnicas, pero él sabía que esas explicaciones no eran suficientes, que con los moldes y esa forma de trabajar no alcanzaba para armar los trajes que se lucían en las pasarelas del mundo y que tanto le gustaban. Tenía intuición.

A los 18 años —como muchos adolescentes del interior— se mudó a Montevideo con el objetivo de estudiar Odontología. Cursó hasta segundo año y después decidió seguir con Laboratorio Dental, casi terminó la carrera, solo le faltó realizar la práctica controlada. Respondió, de esta manera, a una tendencia socialmente aceptada y “fácil de digerir” para todos los que lo rodeaban, pero no estaba satisfecho, ya que sus intereses pasaban por otro lado.

En tercer año de Laboratorio Dental, para poder vivir en Montevideo con mayor desahogo, comenzó a trabajar en una empresa como jefe de “call center”. Ese puesto le demandó día a día más responsabilidades y un mayor compromiso, y así llegó a hacerse cargo del Área de Recursos Humanos. En cierta oportunidad viajó a México para capacitarse, visitó Monterrey y en uno de los centros comerciales de la ciudad se encontró con varios locales de alta costura. Su cabeza comenzó a volar nuevamente, su instinto de diseñador afloraba. Pero no podía abandonar el trabajo y una carrera laboral que crecía.

Mientras tanto, se formaba como modisto con Rita Vignolo en Montevideo. Iba a clases cuando podía, la mayoría de las veces faltaba por las responsabilidades de su trabajo. “Muy de a poco avanzaba, apenas podía acudir a las clases, tenía muchas ideas y proyecciones, pero no podía asistir a los cursos con la regularidad que lo hacía el resto de mis compañeros”.

El sentido de la vida estaba fuera de la zona de comodidad

En 2009, luego de pensarlo mucho, decidió irse de la empresa en la que trabajaba y abrió su primer local en Pocitos orientado a prêt-à-porter y alta costura. El sueño de ser diseñador de alta costura comenzaba a hilvanarse; estaba fuera de la zona de comodidad en la que vivía, pero se atrevió a ir a más para cumplir su instinto. “Al principio importaba telas de Miami y Argentina hasta que el mercado se saturó y decidí hacer algo más personalizado. A mi primera clienta le hice un vestido muy Jacky O. Era muy simple; fue un vestido de madrina. Y con la primera novia, que se casaba a la puesta del sol, hice un vestido en el que tuve en cuenta la hora, la chacra, la cantidad de invitados y lo que la novia quería usar. Fue en 2010 y diseñé algo muy romántico: con tul sedoso y satén de seda natural drapeado en el busto. Usé ocho metros de tul en gajos y quedó muy lindo”.

En un viaje de vacaciones a Chile, país que visitaba con regularidad, quiso conocer Patronato, un barrio muy popular en el mundo de la moda de la capital chilena. En el subte, le preguntó a una señora dónde bajar y qué calles seguir. Ella le contestó amablemente y comenzaron a charlar. John le dijo que le gustaba el diseño y la moda, y que buscaba pedrería para bordar; Guillerma le contó que había trabajado muchos años en los atelieres de Chanel y Versace en Europa. Ese viaje, que a simple vista era el capricho de conocer un barrio que según sus amigos chilenos “no daba para mucho”, fue el comienzo de un vínculo muy fuerte con la alta costura. Guillerma tenía una experiencia riquísima y se transformó en su tutora. Le enseñó mucho, todo lo que sabía, y durante varios meses fue su mentora.

En 2012 debió cerrar el local de Pocitos y siguió trabajando en su casa. Vivía de la costura, cada día llegaban más clientas, comenzó a aparecer en las revistas y el boca a boca, a partir de su dedicación y esmero con cada prenda, comenzó a generar nuevas puntadas.

Las referencias, la inspiración y su trabajo

Dice que le gusta el estilo de Versace, aunque no tanto el de Donatella. Le gusta John Galliano y considera que Zuahir Murad y Elie Saab son los más grandes en la actualidad. “Ambos son jóvenes, tienen un estilo muy particular que marca tendencia a nivel internacional. De Uruguay me encantan Pablo Suárez y Oscar Álvarez”.

Aunque sigue sus creaciones, no se inspira en las líneas que ellos definen porque su musa nace “cuando veo las telas, cuando las toco. Voy a Chanel con regularidad, me avisan cuando llegan los géneros, habitualmente cada dos o tres meses”. Considera que los materiales ideales son los naturales y sedosos por el tejido de los hilos. “El poliéster no queda bien planchado ni tampoco queda bien puesto en un traje de alta costura”.

Trabaja a toda hora, tanto que “me he encontrado trabajando a las cuatro de la mañana. En realidad no trabajo solo, lo hacemos en equipo, con Diego, mi socio y pareja.Trabajamos en cada prenda hasta el momento en que ya no hay más nada que hacer por ese traje o vestido. Abandonamos cuando el cansancio no nos permite hacer más o cuando la etapa del proceso de creación de un vestido de alta costura está finalizada. Somos un equipo. Diego conoce el mundo textil, tiene experiencia pues trabajó en grandes empresas nacionales. Hemos ensamblado los saberes que cada uno tiene. En función de la demanda, nos dividimos las tareas. A mí, que soy sumamente meticuloso en las terminaciones, me gusta encargarme de la estructura. Porque para que un traje quede bien, debe estar perfectamente realizado en su interior. Si por dentro está excelente, por fuera estará perfecto, la estructura ósea es primordial”.

Además de la alta costura, Jonh tiene un trabajo paralelo sin ninguna relación con el mundo de la costura. “Entre ambos trabajos puedo vivir con holgura. El segundo trabajo cumple dos funciones: es una ayuda económica regular a través de un salario fijo y evito el encierro. Como modisto de alta costura, veo a las clientas en una prueba, no más de 30 o 40 minutos. Si voy a comprar telas, la visita no demanda más de dos o tres horas, y tampoco lo hago todos los días. El encierro, entonces, es enorme. El segundo trabajo me permite otros contactos, una salida diaria con otros propósitos, generar otras relaciones”.

El proceso de creación

La creación de un vestido de alta costura comienza con una entrevista. Ante de recibir a cada clienta averigua “ciertas cosas para esperarla con algo”. Esa primera charla es muy importante, pues con los datos que recoge elabora un diseño y el presupuesto. “Con la aceptación, vamos juntos a ver telas. Es una etapa muy divertida, la clienta se prueba telas y define qué comprará”.

Después llega el momento de tomar medidas, con “estas reproduzco el cuerpo de la clienta en el maniquí y hago una primera prueba con lienzo sobre el maniquí. Así se trabaja en alta costura. Luego hago la primera prueba sobre el cuerpo de la clienta, tomo notas y hago ajustes y recién paso a cortar la tela real. Después uno partes, juego con las piezas y muchas veces surgen nuevas ideas: cambiar una espalda, aplicar algo, modificar un drapeado. En esos casos convoco nuevamente a la clienta para definir en función de esa nueva idea. A veces saco fotos y las envío por WhatsApp”.

El proceso de un vestido de alta costura demanda casi dos meses de intenso trabajo y cuatro pruebas. Jonh ha sistematizado el proceso a partir de su experiencia: “la primera prueba es en lienzo y las tres siguientes ya las hago con el vestido en proceso. Si es una novia, la última prueba incluye el tocado y el velo para visualizar el conjunto”.

Comúnmente no toma fotos del proceso, salvo si surge algún cambio. Hace muchas anotaciones, documenta todo porque le gusta hacerlo. “Primero realizo una ficha y voy tomando notas en lo que sea, en lo que tenga más a mano (cuaderno, libreta, hoja suelta, computadora) y después paso en limpio”.

No trabaja con moldes, solo los utiliza para chaquetas o pantalones. Nos explica que hace modelaje sobre maniquí y que la técnica la aprendió con Guillerma. Agrega que el modelaje sobre maniquí “fue creado por la gran Cocó Chanel”.

Las limitaciones del oficio

En relación con las limitaciones del oficio en Uruguay y en especial en Montevideo, Jonh dice que “este año ha sido algo difícil, la situación económica ha generado un descenso en los casamientos y todos los que vivimos en torno a estos hechos nos hemos visto afectados. Mi mayor público son los vestidos en relación con una boda (novia, madrinas, invitadas), por eso se ha sentido la merma en el rubro”.

“La mercadería china es también una limitación porque se ha transformado en una competencia económica y rápida. Una madrina, por ejemplo, en un centro comercial puede resolver su traje en una tarde. No es un traje de alta calidad, ni tampoco es original, tanto que alguien más puede vestirlo en la misma fiesta. En tres horas tiene solucionado el vestido, se ahorra el largo proceso de la alta costura y también paga menos. Por supuesto, que el resultado es diferente”.

“Por otra parte, algunas personas creen que una confección de alta costura es carísima y eso no es así. Un traje de alta costura es más accesible de lo que la gran mayoría cree”.

Sus creaciones más memorables

“Me gustan todos los vestidos que he creado, pero tengo especial orgullo en el vestido de Karen, una chica que se casó al mediodía en una chacra. Tenía un drapeado combinado con dos tipos de encaje recortados y aplicados, y sobre eso bordé con un hilo sedoso para reproducir detalles en las flores. Fui al casamiento, fue en marzo de 2013, había llovido durante todo el día y unas horas antes paró y salió el sol. Karen estaba espléndida, el conjunto era fantástico. Es mi vestido adorado…”.

Jonh confiesa que ha aprendido a no hacer vestidos si no está cien por ciento conforme. Dice que la clienta debe de estar doscientos por ciento de acuerdo, pero él también debe estarlo. Y no solo con el vestido, también con quien lo usará. Esta regla la aplica cuando recibe solicitudes de las “mediáticas” para lucir sus creaciones en instancias públicas. Es habitual en el medio y es una muy buena forma de publicidad. Escucha las solicitudes y “si hay feeling y tengo tiempo, digo que sí, pues sé cuán importante es”.

Los sueños y el futuro

“En más de una ocasión me han consultado a quién me gustaría vestir y soy enfático: ¡a Madonna! En cualquier circunstancia, solo me gustaría vestirla en alguna ocasión. También a la reina Rania de Jordania que es tan elegante… En particular, me gustaría vestir a Letitia D’Arenberg, tiene estilo y por eso quisiera fusionar mi inspiración con su energía. Y además me gustaría ir a Chile y mostrar mi trabajo; quizás hacer un desfile”.

Dice Jonh que pretende seguir trabajando así; agrega que le gustaría que su atelier crezca, pero solo en la medida en que siga siendo abordable por el equipo que ha conformado con Diego. El trabajo de alta costura es muy meticuloso, de muchos detalles y ellos “miman a todas las clientas”. Además, es un oficio que demanda mucha entrega física. Para sopesar las largas horas en una misma postura, aprendió a hacer estiramientos y así busca relajar columna, cuello, brazos y piernas. Se le adormecen las manos y se le entumece el cuerpo, pues puede pasar horas en una misma postura. “Hay momentos, como cuando bordo o hago un drapeado, que el trabajo parece inconmensurable. Más del ochenta por ciento de un traje se hace a mano, utilizamos la máquina en pocas ocasiones. Las faldas las pegamos a mano, son metros y metros que se cortan y se pegan en el piso”.

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