Paola dio color al Prado

El sábado 4 de agosto falleció Paola Picco. Me enteré en la tarde y el fin de semana se vistió de profunda tristeza. Algo de alivio sentí cuando decidí correr nuestra próxima carrera en su nombre. Comenté la idea a dos personas muy vinculadas a Paola (Mario Barité y Gladys Ceretta), me alegró saber que a ellos les parecía buena idea y Gladys me puso en contacto con Gustavo, el esposo de Paola.

A través de un correo electrónico puse en conocimiento a Gustavo de nuestras carreras “en honor a” quien me escribió diciendo que se emocionaba ante la idea de hacer deporte y luchar frente al “cáncer que no da tregua (…) y que se cobró la vida de [su] dulce esposa y compañera”.  Me quebré al leer ese mensaje tan profundo que me brindó una fuerza particular para abordar una dura semana de entrenamiento.

Paola Picco era Lic. en Bibliotecología y docente de la Escuela de Bibliotecología y Ciencias Afines, la conocí porque fue mi docente de Procesos Técnicos I hace ya unos cuantos años. Era una profesional muy dedicada —con altura y orgullo ejercía su profesión— y una docente correcta y justa. La recuerdo con cariño y admiración por la pasión que imprimía a su profesión y a la labor docente. Paola era una persona luchadora y enfrentó su enfermedad con determinación; lamentablemente en esta ocasión ganó el cáncer y ella ya no está con nosotros.

El plan original para el domingo 12 de agosto era correr 55 k de mountain bike en Colonia.  El martes nos tocó un entrenamiento de 25 k de running por diversos terrenos (pasto, arena, trillos, asfalto) y con distintas intensidades. Salí cansada y fue duro pero estaba muy motivada pues ese día (7 de agosto) era el Día del Maratonista y además tenía el empuje de correr en honor a Paola.

El jueves el mal tiempo que se avecinaba obligó a suspender la carrera de Colonia y en su lugar decidí ser parte de los 10 k de Maturana de la Agrupación de Atletas del Uruguay (AAU). Las carreras de la AUU son muy lindas, dan participación a los barrios o localidades y son además muy rápidas. El sábado salimos nuevamente a correr y Paola fue conmigo, hicimos 15 k juntas preparando los diferentes objetivos: la carrera de Maturana primero, la maratón de Buenos Aires después.

La amenazante lluvia llegó en la tardecita con tormenta eléctrica incluida. Durante la noche cayó mucha agua y se escuchaban profundos truenos.  El domingo nos levantamos bien temprano para ver en directo la maratón masculina de los Juegos Olímpicos de Londres. ¡Qué placer ver a esos corredores! ¡Y por la ciudad de Londres! La maratón, clásico de los clásicos, engalana y cierra cada Olimpíada. En esta ocasión fue muy disfrutable para mí pues luego de mi primera maratón, y con vistas a la segunda, comprendo más cabalmente el esfuerzo que significa esta carrera.

Al Colegio Maturana llegamos temprano para inscribirnos, Osmar decidió ir ya que el mal tiempo le impedía entrenar en bicicleta. Sumamos así más esfuerzos y multiplicamos energía para que el “honor a” de esa carrera fuese todavía más intenso. Mariana pasó a buscarnos y esperamos a Luana en el auto luego de obtener nuestros números, chips y camisetas. La lluvia fue parando de a poco y llegó la hora. Salimos con el desafío de correr y sin tiempos marcados debido a una semana de altas cargas —en total completaríamos 50 k de running—.

El Prado nos esperaba. El circuito, de dos vueltas, se cuela en el barrio y pasea a los corredores por lindas avenidas (Juan Carlos Blanco, Buschental, Delmira Agustini, Lucas Obes), por la puerta del Viera (estadio de Wanderers), por Plaza Prado y la boletería de la cancha de River. Corrí casi toda la carrera sola, me crucé con cientos de corredores y en muchas ocasiones intercambiamos palabras de aliento. En las carreras se vive una solidaridad muy particular que genera lazos de pertenencia a un grupo que domingo a domingo transpira pasión.

El circuito no tenía marcados los kilómetros, encontré en el piso algunas referencias pero no sabía si fiarme de ellas. Iba rápido y esforzada, sentía en mi cuerpo el cansancio de la semana. Y terminé la primera vuelta a los 24 minutos. Encaré la última parte con audacia y buscando llegar antes de los 50 minutos. Paso a paso me acercaba a la meta y cuando vi el arco azul me di cuenta que la carrera no terminaba, ese arco marcaba el fin del primer recorrido pero faltaba todavía para terminar la carrera. Di vuelta a la derecha y me esperaba la última bajada, me solté para encarar mejor la pequeña cuesta que seguía y que se coronaba con el arco blanco de la AAU. Y llegué a los 48:11, para mi sorpresa segundos antes de mi mejor marca —48:27 en Florida—.

En un día plomizo Paola dio color al Prado, la carrera fue estupenda porque fue en su honor. Estos 10 k son mi homenaje a una persona que vivió con pasión, dignificó la profesión de Bibliotecóloga, entregó sin miramientos su saber como docente y luchó por vivir.  Con la fuerza de Uruguay por Livestrong el domingo 12 de agosto Paola y yo recorrimos el Prado en honor a la vida.

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2 pensamientos en “Paola dio color al Prado

  1. Gabriela, hermoso relato, muy sentido, la comunicación con el esposo de Paola realmente me emocionó, yo perdí a mi viejo por cáncer, gracias por compartir.
    Un abrazo fraterno.
    Darwin.

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